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El parto de Sarai rompiendo aguas

Parto:

Parto con epidural

Gestación:

39 sem

Curso:

Libro Dar a luz con hipnoparto

La historia de parto

El parto comenzó el lunes 3 de noviembre, en la semana 39+0. Llevaba desde la semana 35 con contracciones de Braxton Hicks. Al despertarme y dirigirme a la ducha noté cómo caían unas gotas blanquecinas y transparentes al suelo. Al principio pensé que era pis, porque eran solo unas pocas, pero seguimos observando y continuaban saliendo.

Mi pareja insistía en ir al hospital y yo no quería, porque ya habíamos ido por falsas alarmas y no tenía ganas de que me mandaran de vuelta a casa o me ingresaran sin estar de parto. Pasamos unas horas en casa, pero como el goteo seguía, mi marido me convenció de ir solo para comprobarlo y quedarnos tranquilos.

Llegamos sobre las 15:00 y, efectivamente, era una fisura en la bolsa. Me dijeron que tenían que ingresarme; no me hizo mucha gracia, pero acepté porque aseguraron que me dejarían en la habitación si no estaba de parto. Una vez dio positivo el test de líquido amniótico, me hicieron un tacto y me dijeron que la parte inferior de la bolsa estaba intacta, así que debía haberse roto por arriba.

Querían terminar de romper la bolsa para ayudar a que me pusiera de parto, pero yo preferí esperar a ver si mi cuerpo se ponía de parto solo. Me explicaron los tiempos y los protocolos (12 horas, máximo 18 horas). También comenté que quería llevar mi propia ropa y que no quería la vía, lo cual les sorprendió mucho. La vía, al final, después de varias charlas con matronas y ginecólogas, la acepté porque pensé que no quería pelear y que prefería ceder en eso que en otras cosas.

Enseguida les dimos nuestro plan de parto y estuvieron revisándolo e informándonos de los recursos que tenían. La ginecóloga no estaba muy contenta con que rechazase la rotura de la bolsa y prefiriese esperar; no dejaba de repetir que como máximo me podía dar 18 horas y que había que poner antibiótico.

Me llevaron a paritorio y me pusieron un monitor durante un rato. Empecé a tener algunas olas, suaves e irregulares, distintas a las Braxton Hicks. Como vieron que había algo de dinámica pero no era parto activo, me subieron a la habitación.

Allí, mucho más relajada, empecé a hacer todo lo que había aprendido: bailar, andar, moverme, usar la pelota, hacer movimientos circulares y sentadillas. Pusimos una lamparita que habíamos comprado en Amazon, luces suaves, duchas calientes… Muy agradable, aunque nada como casa.

Sobre las 18:00 las olas empezaron a doler más. Seguí con lo mismo. Pasé así toda la noche del día 3. De madrugada me dio sueño; el cuerpo me pedía dormir, aunque estar tumbada durante las olas era bastante incómodo. Aun así, pude dormir un poco entre ola y ola.

Nuestro plan era quedarnos en la habitación el máximo tiempo posible y bajar a paritorio ya avanzados, pero a las 07:00 vinieron a buscarme para hacerle un monitor al bebé. Allí, al ver que tenía olas, me ofrecieron hacer un tacto. Dije que sí y, para mi sorpresa, estaba de 4 cm.

Aunque me hubiera encantado volver a la habitación, ya me dejaron en paritorio. Encendí de nuevo mis luces de ambiente, pedí una pelota y continué con los movimientos. Las olas se intensificaron. Mi esposo me ponía agua caliente en la espalda, me daba masajes y repetía afirmaciones positivas. Estaba muy preparado; hasta le hice un PDF con un resumen de lo que había aprendido en tu libro. Lo hizo genial. No habría podido sin su apoyo incondicional.

Cuando estuve alrededor de los 7 cm, las olas se volvieron muy intensas. Estaba cansadísima, gritando, y ya no sabía cómo aliviar el dolor. Llevaba muchas horas. Pedí que me revisaran de nuevo porque no dejaba de decir que no podía más y pensaba que estaría ya en transición.

La matrona me explicó que iba avanzando, pero que la bolsa estaba amortiguando el peso de la cabeza del bebé, lo que ralentizaba todo. Además, no terminaba de romperse y estaba muy tensa por la intensidad de las contracciones. Me dijo que, cuando se rompiera, dolería el doble y que todavía me quedaban muchas horas.

Me sentí un poco agobiada, ya que entre el dolor tan intenso y escuchar que me quedaban tantas horas —y que si me rompían la bolsa iba a sentir aún más dolor—, en ese momento pensé que no iba a poder aguantar. Tras valorarlo con BRAINS y con algo de duda, decidí ponerme la epidural.

Ese momento fue un poco caótico. Sentí miedo porque sacaron a mi esposo de la habitación y de repente entró mucho personal médico, pero el anestesista y un celador fueron muy amables conmigo y me ayudaron a relajarme.

Al ponérmela sentí un gran alivio, aunque ya no podía moverme, lo que no me gustó mucho. Pero pude descansar y coger fuerzas para el expulsivo. Al poco de ponerla me rompieron la bolsa, pero aun así el parto se frenó por la epidural, así que tuvieron que poner un poco de oxitocina sintética.

En cuanto lo hicieron, al poco rato empecé a notar mucha presión y ganas de empujar y de hacer caca. Como no sentía claramente las contracciones, no sabía muy bien cuándo empujar. Los primeros pujos fueron guiados. La matrona ya veía la cabecita y le dijo a mi marido que mirara; fue muy emocionante.

Me pusieron a cuatro patas porque la bebé venía mirando hacia arriba, para ver si giraba, pero no lo hizo. Sentía mucha presión en esa postura. Me dejaron sola con mi esposo bastante rato y pude concentrarme más en conectar con mi cuerpo y empujar cuando sentía que venía una ola.

Luego me pasaron a la mesa de partos y, al poco, empecé a empujar más seguido, ya notando un poco más las sensaciones. Salió la cabecita tras unos cuantos pujos intensos y, en el siguiente pujo, el cuerpo.

Me dieron a mi bebé, preciosa, con carita de ángel y unos ojazos azules. Estaba muy feliz.

La placenta salió prácticamente sola, supongo que por la oxitocina sintética que me habían puesto previamente, aunque en ese momento ya no llevaba nada conectado a la vía. No fue exactamente como lo había imaginado, pero fue totalmente precioso, sobre todo cuando salió y le vimos la carita por primera vez.

Hicimos piel con piel, pinzamiento tardío y su papá cortó el cordón con mucha ilusión. Yo tuve un desgarro de primer grado.

Aunque no fue el parto que había imaginado, me siento feliz de haber podido confiar en mi cuerpo y ponerme de parto de forma natural, sin inducción. Me hubiera gustado aguantar sin la epidural, pero aun así fue una experiencia muy positiva.

Prepararme también para otro tipo de parto distinto al soñado parto en casa que tenía en mi cabeza —ya que desde antes de quedarme embarazada quería un parto en casa, aunque finalmente por distintos motivos elegimos el hospital— me ayudó mucho a no rendirme al sistema, a no tirar mi parto natural por tierra y a elegir mis opciones.

¡Muchas gracias por la información tan valiosa que compartes!

Sarai

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