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Relato de parto inducido por CIR

Parto:

Parto inducido

Gestación:

38 s+2d

Curso:

Libro Dar a luz con hipnoparto

La historia de parto

No fue un embarazo fácil psicológicamente y emocionalmente hablando.
Desde la semana 20, en el control ecográfico, mi bebé era pequeña. Desde ese momento yo tenía claro que no iba a nacer grande. Padres pequeños y con poco peso en nacimiento a término en ambos casos (2,6 kg aprox).

A partir de ahí, las visitas obstétricas eran cada semana, valorando Doppler, RCTG o monitores y peso estimado cada dos semanas.

En la semana 24 me realizaron amniocentesis, algo a lo que, por miedo de pensar que algo fuera mal, me sentí presionada a hacer. Madre primeriza que sabía en su intuición que todo estaba bien pero que la presión del sistema sanitario me “insistió” a realizar.

Siempre, en cada visita, eran las mismas palabras: bebé CIR tipo 1 con percentil de 0 a 2. Doppler normales. Monitores perfectos. Rondando la semana 34 nos enteramos, gracias a una obstetra de confianza que no podía llevar mi embarazo de riesgo por estar en un hospital regional, que hay dos tipos de percentiles: customizado o estándar. Conmigo utilizaban el estándar, que en mi caso la diferencia entre uno u otro pasaba de ser percentil 1 estándar a un percentil 7 si utilizaban el customizado. Y eso es mucha diferencia pero hay hospitales públicos que así lo estiman y decidimos no discutir más contra el sistema.

Llegamos a la semana 37 y las guías clínicas, por protocolo, estiman finalizar embarazo mediante inducción. Todo seguía bien pero me decían que mi bebé pesaba 2,060gr y aunque nunca dejó de ganar peso, debía nacer y crecer fuera. Decidí seguir una semana más, en contra del sistema, firmando un documento de responsabilidad por “riesgo de bienestar fetal”. Quería que mi bebé cogiera más peso y quizá poder evitar incubadora. Me aterraba separarme de mi bebé.

Yo quería ponerme de parto, sentía que mi bebé y yo estábamos bien. Antes de llegar a la semana 38, me hicieron maniobra de Hamilton porque en ese momento tenía un 50% del útero borrado, blando y 2 cm de dilatación. Me repitieron 3 veces esa maniobra cada 2 días ya que era mi primera elección de maniobra mecánica en mi plan de parto.

Llegamos a la semana 38 y estaba cansada de seguir adelante peleándome con los protocolos y obstetras y, sinceramente, la presión de que le pudiera pasar algo a mi bebé estaba por encima de todo.

Me pusieron el balón de cook. La experiencia de colocación ni la noté, pero imagino que era por mis condiciones de útero ya que estaba igual que hacía una semana. A las 2h empecé a tener olas intensas cada 5 minutos que duraron otras 2h. Sabía que no eran contracciones reales de parto porque eso significaría proceso de dilatación y con 4cm se expulsa el balón por si solo, así que me vine abajo porque se acababan las opciones para evitar la oxitocina.

A las 38+1, un día después, me retiraron el balón y me indujeron con oxitocina sintética. Nada más empezar el gotero me rompieron la bolsa amniótica. Me negué a ello porque quería ver cómo avanzaba la dilatación pero era la práctica habitual en ese hospital y no me lo habían comunicado (yo tampoco pensé en esa opción para el plan de parto). Les costó más de 5’ romperla porque estaba “dura”. Que pena, quién sabe si hubiera sido parto velado. Tampoco querían darme bebida ya que era incompatible con quirófano. En 30’ empecé con olas cada 7-10 minutos. Mi mente estaba preparada para practicar la respiración ascendente. Me dieron un zumo a regañadientes.

Empecé con pelota de pilates y el mantra de respiración 4-8 mientras me monitorizaban. Recuerdo la intensidad y los escalofríos.

A las 3h me hicieron un tacto para comprobar la dilatación: estaba de casi 5cm, útero totalmente borrado y centrándose. En ese momento, pensaba que podía aguantar más pero me desilusioné ya que pensaba, por la intensidad y regularidad de las contracciones (ya eran cada 5’ o menos), que estaría más dilatada.

Me preguntaron 2 veces si quería la epidural (en mi plan de parto ya había puesto que no) y mi marido tuvo que lidiar con “no queremos salvo que ella la pida” pero a él no querían escucharle. Yo decidí no contestar.
Las 2h siguientes fueron realmente duras. Era incapaz de moverme en la pelota, sólo podía estar sentada y agarrada a los barrotes de la cama. Me alivié con un saco de calor en zona del sacro que tenía el olor a lavanda que me recordaba a casa. Mi marido me presionaba los puntos neurálgicos donde sentía el dolor en la zona lumbar. Las olas venían cada minuto durante 1h y media y la intensidad era tan fuerte que podía desmayarme entre una y otra. Le pedía a mi marido que me sujetara porque sentía caerme. Tenía en mi mente el mantra de mi matrona de la SS de “nadie se muere por dolor de parto”. Ya no podía más y estaba dispuesta a ponerme la epidural.

Habían pasado 5h desde que empezamos con la oxitocina y me realizaron otro tacto. ¡Estaba totalmente dilatada! Al oír eso mi cuerpo y mi mente se transformaron: ya no había dolor y sólo pensaba en que quería que naciera mi bebé.

Creo que, lo había pasado tan mal que quería que acabara ya todo y, siento que forcé el momento de pujar en fase de transición. Probamos a empujar y la bebé respondía en todo momento y empezó a abrirse camino. En menos de media hora la cabeza ya asomaba y, aunque no tenia unas ganas fuertes de pujar, sabía que mi bebé ya venía. Realmente, creo que mi cuerpo lo estaba haciendo solo y tendría que haberme dejado llevar y no forzar los pujos pero para la matrona y el equipo se tenía que terminar pronto.

En media hora nació Valeria pesando 2,435 kg, totalmente sana y con la sensación de no haber sentido nada de dolor en la fase descendente ni expulsivo. Realmente fue sentir que mi cuerpo y ella hicieron todo el trabajo solos y yo fui una espectadora que pujé sin necesidad de hacerlo. Tuve un pequeño desgarro y hasta el último momento tuve que estar lúcida porque la matrona quería hacerme episiotomía (¿qué sentido tenía con un bebé pequeño y bien colocado?).

Aunque no fueron las condiciones soñadas, mi mente trabajó para tener un parto tan maravilloso como el que tuve, aunque muy peleado hasta el final. Mi satisfacción por mi hija y por mi es que juntas conseguimos lo que deseaba y siento un gran empoderamiento por las dos, sé que ella empujó más que yo por nacer.

Así que, si me has leído, confía en ti, en tu cuerpo, en tu bebé, y disfruta de la transformación de conocer a tu criatura. Déjate llevar y proyecta en tu mente lo que deseas que pase, ¡sucederá!

Gracias Paula por leer tu libro, por utilizar tu App y tranquilizarme en mis días difíciles. Tus podcast de bebés prematuros me ayudaron mucho y al final yo no lo tuve, inclusive pesaba más de lo que nos habían estimado.

El poder de la mente con la información y ayuda correcta, ¡lo cambia todo!.
Un abrazo,
Valeria y Sandra.

Sandra Castelló Galán

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