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El parto natural de Noelia

Parto:

Parto natural 41+6

Gestación:

41s+6d

Curso:

Libro Dar a luz con hipnoparto

La historia de parto

Helena nació en la 41+6 a las 17:05 de la tarde. Fue un parto eutócico, natural maravilloso, tal y como había deseado. Era mi primer embarazo, curso sin riesgo con un estreptococo positivo.

En la semana 41+2 la ginecóloga propuso realizarme la maniobra de Hamilton. Accedí dado que no quería llegar a la inducción, finalmente no pudo ser ya que tan solo estaba de 0,5 cm.

En la 41+4 volví a correas, todo estaba correctamente. Esta vez, antes de irme, me hicieron pasar con la ginecóloga. Me realizó una eco para ver que todo estuviese correctamente y me dijo que había que hacer tacto para ver cómo estaba. Sus palabras fueron: “El cuello está más corto, pero no tiene pinta de que te vayas a poner de parto. ¡Esto hay que finalizarlo ya!”. Abrió su agenda y me dijo: ¿mañana o pasado mañana? Respondí si podía esperar un poco más, ya que mi cuerpo estaba dando señales de que en breve me pondría de parto, pero ella me indicó que había riesgo sin darme más explicación, por no decirme que tenía un protocolo y que lo tenía que seguir. No quise arriesgarme y le indiqué que me agendara el último día.

En la semana 41, mi rechazo a la inducción y la presión de familiares y amigos por verme y saber del embarazo (con su buena intención) me estaba pasando factura, generándome un estrés que no llevaba bien. Sabía que era muy importante estar tranquila. Además, mi cuerpo estaba mandándome señales de que se estaba preparando para el día, dado que llevaba cinco días con contracciones de Braxton muy seguidas. De hecho, la noche de la 41+4 las contracciones fueron más dolorosas, provocándome la expulsión del tapón mucoso. Junto con mi pareja, tomamos la decisión de explicarles a los más cercanos que necesitábamos estar solos y tranquilos.

Casualidad o no, finalmente la noche de antes del día de la inducción me puse de parto.

A las ocho de la tarde las contracciones empezaron a ser dolorosas y constantes, cada 5–10 minutos. Le indiqué a mi pareja que descansara porque tenía pinta de que estaba arrancando. Me colocó la TENS, que había alquilado en myBabymyBirth® y estuve surfeando las olas toda la noche. Cada vez eran más intensas, hasta que levanté a mi pareja. En otro escenario sabía que debía haber aguantado más en casa, pero dado que la inducción la teníamos programada a las 7:30 h de la mañana y tras un sangrado que iba a más, decidimos acudir al hospital a las 6 h de la mañana.

Me realizaron eco y tacto, indicándonos que se había borrado el cuello del útero y que estaba de 1 cm. No había que programar inducción y me quedaba en el hospital por tener habitaciones disponibles. Reaccioné con alegría por estar todo bien y no tener que llegar a la inducción, pero a la vez me frustré porque solo estaba de 1 cm.

Las comadronas leyeron mi plan de parto y lo respetaron. A las 10 h de la mañana me realizaron un tacto y me indicaron que estaba de parto activo con 3 cm de dilatación. La cabecita estaba muy alta, por lo que sugirieron que realizara posturas para hacerla bajar. Surfeaba las olas con las respiraciones y con movimientos, con la ayuda de las herramientas de la sala: liana, pelota y unas espalderas de madera. Iba ingiriendo tentempiés e hidratándome; esto hacía que las contracciones fuesen más fuertes. Además, aullaba como un lobo, por lo que íbamos bien… o eso creía.

A mediodía, entre las 13 y 14 h, volvieron a realizarme otro tacto para ver cómo evolucionaba. Además, tenían que ponerme el antibiótico (llegamos a un acuerdo de ponerlo lo más tarde posible para evitar más dosis de lo necesario). Cuando la comadrona me indicó que continuaba de 3 cm, me vine abajo. Me indicaron que el parto se estaba paralizando y que debía decidir entre suministrarme oxitocina o romper la bolsa. No quería realizar ninguna de las dos, sabía los riesgos que conllevaban ambas, pero al no darme ninguna otra solución accedí a la rotura de la bolsa.

En aquel momento todo cambió. Las contracciones cambiaron completamente: pasé del aullido a la vocal “A”, las ganas de comer se fulminaron y ya no pude moverme de las espalderas de madera (benditas, creo que no habría podido parir sin ellas). Rápidamente noté que me abría, la TENS ya no me servía y la respiración me costaba mantenerla. Me quedaban 3–4 horas para que todo acabara y en esa franja pedí la epidural tres veces. Creo que no lo habría conseguido sin el apoyo de mi pareja y el equipo de comadronas y ginecóloga.

La primera vez que pedí la epidural, mi pareja me recordó que podía aguantar, que recordara la experiencia que quería vivir. Tomamos la decisión de mirar de cuánto estaba para poder decidir. Pasé de 3 a 6 cm en menos de dos horas. Eso me dio muchas esperanzas y continué hasta que aparecieron las maravillosas palabras: “¡Me quiero morir, no puedo más!”. Yo no era consciente de que aquello podía ser la transición, ya que pensaba que al estar de 6 cm me quedaba mucho por recorrer aún: llegar a 10 y el expulsivo. Así que me planté y dije: “¡Quiero la epidural ya!”.

Vinieron las comadronas y me indicaron que debía estar seguramente de 8 cm, que probáramos la ducha y que si con ello no era suficiente pondríamos la epidural. Accedimos. El agua aliviaba, pero no era suficiente. Yo ya estaba en el suelo, a cuatro patas. Volví a pedirla, pero antes me realizaron el último tacto y las palabras de la comadrona Sara fueron: “Estás dilatada completamente y el bebé está en tercer plano. Ya no me voy de aquí. Felicidades, lo has conseguido”. No olvidaré jamás la sensación que me causaron sus palabras.

Tal cual quería parir en esa posición en la ducha, pero es verdad que muy cómoda no estaba, así que me indicaron que si quería ir a otro sitio. Me levanté y me achuchó una nueva contracción. Vi la cama y de un salto me quedé a cuatro patas sobre ella. Ana, la ginecóloga, me proporcionó una liana para que pudiese agarrarme y Sara, la comadrona, me dijo: “Noelia, aprieta con todas tus fuerzas”.

Sabía que no debía ser así para evitar desgarros y demás, pero ya no estaba para razonar. Así que apreté como si no hubiese un mañana y en 20 minutos abrazaba a mi pequeña Helena. En el expulsivo no noté ningún cambio en las contracciones, ni el famoso aro de fuego, ni pude cambiar el tipo de respiración. Además, tengo muy distorsionada la sensación de dolor: no recuerdo dolor vaginal, solo sensación de expulsar.

El alumbramiento de la placenta fue rápido y natural. Dejamos pasar toda la sangre por el cordón antes de cortar, mientras me suturaban un desgarro de segundo grado.

No lo habría conseguido de no ser por las ganas que tenía de vivir la experiencia, por la ayuda de mi pareja, del equipo de comadronas y ginecóloga y de mi madre. Pero sobre todo gracias a tu contenido, Paula. La escucha de tu Podcast Tu mejor parto durante todo mi embarazo y la lectura de tu libro Dar a luz con hipnoparto han hecho que estuviera en deuda contigo, por ello quería enviarte mi relato de parto.

Mil gracias,

Noelia

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