La historia de parto
Buenos días Paula, soy Marta González Garnacho tras leer tu libro 'Dar a luz con hipnoparto', escuchar el podcast y realizar con mi pareja el Pack Digital de hipnoparto, te cuento mi relato de parto del pasado 4 de diciembre de 2025.
Relato de parto
El día que cumplía 40 semanas + 6 días, a media tarde, después de haber hecho ejercicio y de salir a caminar, empecé a notar unos dolores suaves tipo regla. Eran leves pero inconfundibles, pequeñas olas que subían y bajaban cada 3–4 minutos. Duraron media hora y desaparecieron como si nada, así que continué con mi día y fui a las clases de preparación al parto (anduve varios kilómetros ese día)
En la madrugada del 4 de diciembre, a la 1:00, volvieron las contracciones, o eso pensé cuando me desperté con sensación de haber tenido una. A la 1:52 llegó otra, y ahí supe que esto ya era real. No pude volver a acostarme. Eran contracciones muy frecuentes —cada minuto o minuto y medio, de un minuto de duración— y desde el inicio me ayudé con la TENS, la Fitball… y algo muy importante para mí: mis cascos y mi música con las respiraciones y el contador de contracciones.
Al principio escuchaba también las relajaciones que había practicado durante el embarazo, y me ayudaban muchísimo a mantener la respiración ascendente, que al inicio conseguía controlar muy bien. Esa respiración me mantenía centrada, enfocada y tranquila por dentro, incluso con la intensidad tan alta desde el primer momento.
Mi pareja me preparó un baño, y el agua caliente me dio un alivio enorme. Me permitió volver a conectar con mi planeta parto, esa burbuja donde solo existíamos mi cuerpo, mi respiración y mi bebé. Pero pronto las contracciones se volvieron demasiado intensas, hasta el punto de que tuve que salir del agua. Fue entonces cuando dije: “Vámonos al hospital”, aunque mi intención siempre había sido aguantar en casa lo máximo posible.
Llegamos al hospital a las 4:50 de la mañana ( lo tengo a 500m de casa).Me exploraron: estaba ya de 8 cm. Entregamos el plan de parto y expliqué que mi intención era no ponerme la epidural.
Hasta ese momento yo iba muy conectada, sostenida por mi respiración, mis cascos y mi música. Pero al entrar al hospital sentí que perdí bastante el control. El entorno me sacó un poco de mi centro. Aun así, seguimos con la TENS, la Fitball, las lianas… La matrona me propuso volver al agua caliente, y allí mi pareja me aplicaba agua caliente en las lumbares sin parar. Yo alternaba momentos de respiración profunda —como las que había practicado para la fase descendente— con otros en los que la intensidad me desbordaba por completo.
Mientras me aplicaba el agua caliente y yo estaba en la silla de parto, el expulsivo llegó como una fuerza imparable. En ese momento sí sentí que mi cuerpo tomó el mando por completo. Yo simplemente estaba ahí, permitiendo que ocurriera, agarrada a mi música, a mi respiración un poco descontrolada y al apoyo de mi pareja.
Y entonces ocurrió algo precioso: Mario nació justo cuando estaba sonando una de mis canciones favoritas de Disney, de El Rey León. Aquello hizo el momento aún más emotivo, como si la vida misma hubiese elegido su propio acompañamiento musical para darle la bienvenida.
A las 6:32 nació Mario. Lo recibí yo misma con mis manos, me lo puse inmediatamente piel con piel, y el mundo se detuvo. Hicimos pinzamiento óptimo y yo corté el cordón. Después me administraron oxitocina y el alumbramiento de la placenta fue dirigido; salió unos 30 minutos después. Tuve un desgarro de segundo grado, pero nada más.
En menos de dos horas desde que entramos al hospital y después de un trayecto intensísimo, profundo y lleno de fuerza, Mario llegó al mundo acompañado de música, emoción y muchísimo amor.
Un abrazo,
Marta
