La historia de parto
El viernes 5 de septiembre, el día de mi Fecha Probable de Parto (FPP), después de lidiar con un calentador estropeado por una semana pensando que no iba a poder usar mi piscina para dar a luz, por no tener agua caliente, todo arreglado y me levanté con un poco del tapón mucoso y un poco de sangre.
Empecé a notar sobre el mediodía unas sensaciones que al principio no supe si eran o no las olas de parto. Yo planeaba parir en casa. Pero vivo en Inglaterra y a pesar de tener amigos aquí, mi hijo mayor no se había quedado con nadie aún y me ponía nerviosa la idea de que alguien lo cuidara durante el parto, así que mi marido y yo decidimos que nuestro bebé debía nacer en casa, rodeado de su familia, ya que si nacía en el hospital, mi plan era ir sola y que mi marido cuidara de mi hijo mayor.
Cuando a las 15:00 terminé de dormir a mi hijo a la siesta, noté una ola más intensa que me hizo pensar que podría ser que estuviera de parto, por lo que llamé al equipo de matronas que atienden el parto en casa de mi ciudad. Para mi sorpresa, esa noche no tenían a matronas para cubrir la noche y me dijo en broma que intentara aguantar, que a las 7am empieza el nuevo turno y tenían matronas para atenderme.
Me dijo que de todas maneras ella haría lo imposible para que vinieran las matronas del hospital (son diferentes al equipo de parto en casa) pero ese día la planta estaba bastante llena. Me quedé destrozada cuando colgué. Me fui con mi hijo y marido a dar un paseo por el mar que lo tenemos a dos minutos de casa pero para el momento que salimos, mis olas se iban incrementando en intensidad y decidí ponerme la máquina TENS. Debo decir que no la había probado hasta ahora, pero me ayudó muchísimo en el parto.
Volvimos a casa y me llamó la matrona de nuevo. Había conseguido que la jefa del turno de esa noche aprobara que viniera una matrona sola a atenderme del hospital si terminaba avanzando mi parto durante la noche. La norma aquí es que tiene que haber dos matronas, una para la mamá y otra que llega un poco más tarde para el bebé. Me dijo que llamara al hospital cuando mis olas fueran regulares y cada 2-3 minutos.
A partir de ahí, las contracciones fueron intensificándose y acortándose en el tiempo. Eran muy manejables con la máquina TENS, y mi cepillo de madera junto con respiración controlada. Supe que mi bebé estaba cerca. Cené todo lo que pude para tener energía ya que con mi primer parto fue un fallo que cometí al negarme a comer y casi beber nada, y mi parto no se desarrolló como debería por esto.
Bebí agua con electrolitos y comí algo ligero pero con mucha energía y seguií en mi pelota hasta que llego la hora de dormir a mi pequeño sobre las 21:00. A pesar del momento, quise ponerlo a dormir yo, una última vez. Él y yo mientras sentía las olas cada vez más intensas. Sin duda fue emotivo pensar que en unas horas, seriamos uno más en la familia.
Llegué al salón, donde mi marido se había encargado de todo y había inflado la piscina, y estaba empezando a llenarla. Despejó el ambiente, puso las luces y preparó todo como habíamos hablado. Yo me puse los cascos y empecé a danzar en mi salón, entre botes en la pelota y movimientos de pie. Entonces decidí irme al váter. Me enteré hace unos días de que le llaman la estación de dilatación porque es donde tu cuerpo sabe que tiene que relajar los músculos y dejar ir. Allí estuve a oscuras, sola con mi música, calculando las olas para saber cuándo llamar al hospital.
Mi marido empezó a darse cuenta de que muy rápidamente se estaba acortando el tiempo entre ellas y apenas estaba teniendo descanso entre unas y otras. Las olas eran de entre 1 y 3 minutos y muy intensas (luego supimos por qué tan largas). Llamó al hospital y, después de darles toda la información, le dijeron que querían hablar conmigo, escucharme. Por mis sonidos y voz, ellas supieron que yo no podía ir al hospital ya. Pensaban que estaba empujando, aunque no era así, y decidieron mandar a dos matronas a casa.
Llegaron a las 23:00 dos matronas y una estudiante. Yo estaba en mi mundo, en el baño. Salí y me metí directamente en la piscina. Allí estuve unas horas cambiando de posición, siguiendo mi instinto, pero también escuchando a la matrona. Decidí que quería saber si estaba completamente dilatada y me confirmó que sí. Que podía empezar a empujar si mi cuerpo me lo pedía.
En el parto en casa tenía la opción de usar gas nitroso como método de alivio del dolor. Lo usé durante unas cuantas olas, pero decidí dejar de usarlo, ya que con mi otro parto me ralentizó el proceso.
Eran las 2 a.m. y, de repente, mi marido escucha a nuestro hijo despertarse y va a por él a su cuarto. Para mi sorpresa (yo estaba nerviosa por saber cómo reaccionaría si se despertaba), allí estaba mi pequeño. Con una calma y ojos curiosos se acercó a mí, me acarició, me dio un beso. Se sentó en las piernas de mi marido y noté una energía increíble dentro de mí recorriéndome el cuerpo. Me trajo paz, amor, energía. Tenía enfrente de mí a mis dos personas favoritas en el mundo y estaba a punto de conocer a mi bebé. No podía creerlo.
A pesar de que nos arreglaron el calentador, no había agua caliente suficiente para mantener la temperatura y, a pesar de que estaban calentando agua y llenándola constantemente, decidimos que lo mejor era salirme. Yo no lo sabía, pero a mi marido le dijeron que solo podían atenderme en casa hasta las 3 a.m., que se acababa su turno, y si para entonces no había nacido el bebé tendríamos que transferir al hospital. Pero al ver que yo ya estaba empujando, la jefa de guardia decidió venir a relevar a la matrona que terminó su turno y dijeron que nos quedábamos en casa. Menos mal que no me dijeron nada de eso, ya que me hubiera cortado toda la oxitocina.
Podía notar en la matrona al cargo que la segunda fase no estaba avanzando tan rápido como ellas quisieran. Me dijeron que cambiara de posición un par de veces para ver si ayudaba; el bebé no estaba descendiendo como se esperaba. Reconozco que me puse un poco nerviosa. Mi primer hijo terminó naciendo con ventosa y episiotomía para mí tras muchas horas, exhausta y sin fuerzas para empujar más. Por lo que no creía que pudiera traer por mí misma a mi hijo al mundo.
De repente algo dentro de mí cambió. Ese momento de duda y nerviosismo me dio la fuerza que necesitaba para empujar. Con cada ola empujaba al ponerme de cuclillas, agarrada a los brazos de mi marido. Las matronas empezaron a decirme que siguiera, que estaba muy cerca. Me dijeron: “déjalo nacer”. Frase que se me quedó grabada.
Y así hice. Noté que mi cuerpo se abrió. El círculo de fuego, lo llaman. Pensé que no podía más, era muy, muy intenso. Me decían que ya estaba aquí, que un poquito más. Y momentos después mi hijo nació a las 04:51 a. m.
No podía creerlo. Estaba en shock. Lo había hecho. Había parido a mi hijo en casa, sin ninguna intervención, con mi hijo presente. Mágico.
Me senté en el sofá con mi pequeño en brazos. Mi hijo mayor se sentó a mi lado, queriendo abrazar a su hermano ya. Fue un momento increíble. La matrona me dijo que, al yo estar de frente con mi marido, mi hijo mayor fue quien vio a su hermano nacer. Estaba curioso, alumbrando con la linterna, en calma. Un proceso natural, qué increíble momento.
Las matronas nos dejaron vivir el momento a nosotros. No interfieren. El bebé está pegado a mí, tranquilo. A los pocos minutos estaba enganchado al pecho. Y estuvimos una hora así, juntos, aún unidos por la placenta.
Después me levanté y, en el baño, al sentarme, nació la placenta. La pusieron en un recipiente al lado y volvimos al sofá. Estaba amaneciendo. Las matronas hicieron su papeleo en el ordenador y me iban haciendo preguntas para ver cómo estaba.
Ahí es cuando me dijeron que mi bebé nació en la posición posterior (con su espalda tocando mi espalda), cabeza hacia arriba al nacer. Todo el embarazo estuvo en la posición óptima y debió decidir girarse unos días antes de nacer, porque mi cuerpo estuvo durante el parto intentando girarlo. De ahí las contracciones tan largas e intensas y la duración de la segunda fase del parto. Qué curioso saberlo.
Me preguntan si quiero que me examinen para ver el volumen de sangre y el estado del perineo. Intacto, volumen de sangrado mínimo. Todo perfecto. Y yo me encuentro genial, eufórica por el subidón de hormonas. Este parto me ha curado las heridas de mi primer parto.
Qué suerte poder haberlo hecho aquí, en Reino Unido, donde es una opción parir en casa gratuitamente. Incluso el equipo de parto en casa me prestó la piscina para el parto. A las pocas horas otras dos matronas vinieron a casa a comprobar que estuviéramos bien mi bebé y yo. Y durante dos semanas las citas fueron en el confort de mi casa.
Estoy muy agradecida a todo el equipo por hacer realidad mi parto soñado.
Alba
