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La cesárea de Núria Carrasca

Parto:

Cesárea de recurso

Gestación:

40+

Curso:

Libro 'Dar a luz con hipnoparto'

La historia de parto

Hola Paula, cómo estás? Una semana después del nacimiento de Gabriel, quería ponerme en contacto contigo para explicarte mi experiencia de parto.

Con el positivo en mano, nuestra primera persona de contacto fue Inma Marcos, porque era un sueño para mí tener un parto natural, fisiológico y respetado en casa. El embarazo fue maravilloso, porque a penas tuve síntomas, salvo en el tercer trimestre, que sufrí de túnel carpiano por el embarazo, y los típicos dolores posturales (dolor en la zona dorsal de la espalda, sobretodo), hinchazón de pies y manos... Pero no puedo quejarme en absoluto, porque siento que mi cuerpo y mi bebé lo pusieron todo muy fácil.

Lo que me costó más de sobrellevar fue la presión social las últimas semanas de embarazo, preguntándome constantemente cuándo iban a inducirme el parto, cuánto me faltaba, recibiendo a diario mensajes de "Cómo estás?" de personas con quiénes a penas tenía contacto unos meses o semanas antes.

Pasadas las 40, incluso llegué a pensar que verdaderamente nunca me pondría de parto, y que mi embarazo sería post-termino, y habría que tomar decisiones. Pero obviamente, no fue así, y por la tarde del 14 de junio, sobre las 17:00h, estaba estirada en la cama cuando noté un "CRACK" en mi interior, y pensé que habría roto la bolsa, pero sorprendida me di cuenta de que no. Y entonces empezaron las olas, suaves al principio. Yo hacía respiraciones ascendentes con cada ola, y mi marido me repetía las afirmaciones positivas que teníamos colgadas en el salón. Para las 20:00h, la intensidad había aumentado, y nos tomamos la cena, yo poniéndome de pie con cada ola, que venían cada 4min, aproximadamente. Nuestra matrona, nos mandó a dormir para estar preparados cuando la intensidad de las olas fuese mayor, y me explicó cómo colocarme en la cama, con la máquina Tens, para sobrellevarlas estirada.

Sin embargo, yo era completamente incapaz de estar en la cama, y con cada ola tenía que levantarme, gemirla y respirarla. A las 23:00h mi marido llamó a Inma, porque veía que la cosa iba en serio, aunque yo lo estaba llevando muy bien. Inma habló conmigo, para ver lo terrenal que estaba, y me dijo que si la necesitaba, la llamase. Carlos volvió a llamar sobre la 1:00 porque él la necesitaba, pero yo estaba bastante bien entre olas. Y quedamos en que volveríamos a llamar cuando yo la necesitase. Pero yo estaba bien, y entre contracciones podia hablar, aunque intentaba no hacerlo, por desconectar el neocórtex. Y ya a las 2:00 Carlos no podía más, e Inma vino a casa con la fotógrafa del parto. Cuando Inma llegó, me animó a colocarme en cuadrupedia sobre mi cama, apoyada en la fitball, y me entregó el peine que teníamos preparado para el día P. Era gracioso ver qué con cada ola, ponía el tens al máximo de intensidad, y con mi otra mano apretaba el peine como si no hubiera mañana.

En esa posición, Inma se fijó en la línea púrpura, que estaba completamente dibujada, lo cual quería decir que muy probablemente, yo estaba dilatada del todo, lista para empujar. De hecho, miró a la fotógrafa al escuchar cómo sonaba con cada nueva ola: ya estaba empujando.

Rápidamente montaron y llenaron la bañera de partos, y me invitaron a entrar, aunque yo tenía mis dudas sobre dejar el Tens, tanto que me había ayudado. Eran las 5:30h del día 15 de junio, aproximadamente. Estuve allí hasta las 8:00h, empujando con cada ola, pero no había rastro de la cabeza de mi bebé, e Inma me preguntó si quería que me hiciese un tacto, para ver cómo íbamos. Se sorprendió al ver que la cabeza estaba muy arriba todavía, y que no había empezado a apepinar. Me dijo que descansase entre olas, y que íbamos a probar posturas para ayudar al bebé a descender, y así lo hicimos, cuando salí a las 8:45h de la piscina.

Estuvimos hasta las 10:15 en modo parto-sutra, pero un nuevo tacto indicaba que no habíamos avanzado nada, Inma diciéndome que con lo que había empujado tendrían que haber nacido 3 bebés, así que me comunicó que teníamos que prepararnos para ir al hospital. A mí se vino el mundo encima, y lloré mucho, porque lo estaba llevando tan bien... Las olas pararon durante el trayecto en coche, y menos mal, porque sentada no las hubiera soportado. Yo iba en el coche en modo negativo total, diciendo que al llegar ya me podían chupar epidural en vena y hacerme una cesárea, pero Inma, con su dulzura infinita, me explicó lo que iba a suceder, y me aconsejó que intentase un parto vaginal, aunque las probabilidades fuesen bajas. Y así lo hice. Al llegar, me hicieron un nuevo tacto, confirmando lo que ya sabíamos, y me pusieron la peridural en la dosis baja, porque pensaba yo que así podría moverme, pero no me dejaron.

Rompieron bolsa, me pusieron oxitocina durante horas, y finalmente también buscapina, para ver si de alguna forma ayudábamos a nuestro niño a descender, pero no sucedió. Y decidimos conjuntamente que la mejor opción era una cesárea, además muy necesaria. Todo el tiempo, el equipo que nos atendió fue extremadamente dulce y amable, y nos hizo sentir respetados y como en casa. Todos se presentaban, y me trataban con mimo, aunque he de decir que nosotros también fuimos muy amables y mostramos agradecimiento todo el tiempo. La cesárea fue preciosa, nos pusieron "Allegria" del Circo del sol cuando nació Gabriel, como les pedimos, dejaron entrar a la fotógrafa del parto, y me arroparon en todo momento. Cuando nació, la emoción se respiraba en aquel quirófano, y hubo más de una lágrima, no sólo las de Carlos y mías. Pedimos si podíamos tener una impresión de placenta, y la matrona del turno de noche nos dijo que por supuesto, que enseguida se ponía en modo arista para nosotros.

Al subir a planta, nos recibió la enfermera y asesora de lactancia, todo amor y cariño, y nos dijo que habían llamado desde abajo, para decir que no había sido una cesárea cualquiera, que había sido preciosa, y que había emocionado a todos

Mi ilusión en la vida era parir a mi bebé en casa, pero las expectativas que uno se crea no siempre se pueden cumplir. Yo no pude hacerlo como quería, pero me siento tan tranquila de que no había otra forma para nacer mi bebé, porque estaba en una posición fatal. Imposible descender (tanto es así que ya hemos tenido que visitarle en el osteópata, porque está todo contracturado).

Con mi parto he aprendido que en la maternidad, y en la vida en general, no puedes esperar nada. Tan solo fluir. Estuve 17h de parto en casa, y para mí fue sanador intentarlo.

Por cierto, Gabriel decidió nacer el día de nuestro aniversario de bodas, un año después de casarnos. Y un año después de haber empezado a buscar el embarazo

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