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La inducción de Gema

Parto:

Parto inducido

Gestación:

41s+2d

Curso:

Libro 'Dar a luz con hipnoparto'

La historia de parto

El 13 de febrero de 2026 a las 17h ingresaba en el hospital para una inducción. Estaba de 41+2 semanas de embarazo y en la última revisión acordé con la ginecóloga que, si no me ponía antes de parto, el día 13 ingresaría para inducción. Ya que, aunque todo estaba bien, comenzaba a considerarse un embarazo prolongado.

Aquella tarde salí de casa y cerré la puerta con llave sabiendo con certeza que la próxima vez que cruzara ese umbral seríamos tres.

Recuerdo el camino en el coche al hospital con mi marido, iba con sentimientos encontrados. Muchas ganas de conocer a mi bebé, pero por otro lado mucha pena de no poder vivir el momento de "ponerse de parto" y disfrutar de un parto natural con el que tanto había soñado y para el que me había formado.

Había escuchado el audiolibro de 'Dar a luz con hipnoparto' de Paula Ripol, también había realizado un programa de entrenamiento específico con "MumActive" para el embarazo, todo a fin de llegar fuerte y preparada para el parto tanto física, emocional y psicológicamente.

A las 17:30h nos subieron a paritorio. La habitación transmitía calma, recuerdo el olor a nuevo de la madera de los muebles, hacía apenas dos meses que se habían inaugurado los nuevos paritorios del hospital. Entraba una luz preciosa por la ventana y nos acomodamos mi marido y yo.

Las matronas vinieron a saludarme, se presentaron, les entregué la documentación, di mis consentimientos y mi plan de parto, lo leímos juntas y acto seguido, me colocaron la monitorización inalámbrica y me canalizaron una vía venosa periférica, ya que, mi estreptococo había salido positivo y necesitaría antibiótico durante la dilatación.

A las 18:20h vinieron a explicarme el método de inducción y me realizaron el primer tacto vaginal. El método elegido para mi consistía en la administración de unas pastillas de prostaglandinas cada 4h intravaginales, en un total de 4 dosis, que ayudarían a madurar el cuello uterino durante alrededor de 16 horas.

Al realizar el primer tacto vaginal la matrona dijo “¡uy tú ya vienes con trabajo hecho de casa!”. Tenía el cuello borrado a un 30% y una dilatación de 1 cm amplio. Me colocaron la primera dosis de medicación y se fueron. Tenía que estar tumbada en la cama alrededor de 2h para que mi cuerpo no expulsara la medicación. Sobre las 2 horas me avisaron, ya podía levantarme. Me trajeron la cena y después me senté en la pelota a realizar ejercicios de apertura de cadera y estiramientos.

A las 19:56h tuve mi primera ola, me pilló de sorpresa. La abracé y sentí. Empecé a contar las olas con la aplicación de Ona. Con cada una de las olas empecé a repetirme el mantra que tanto había escuchado "mi cuerpo sabe parir, mi bebé sabe nacer".

A las 22:20h aproximadamente me realizaron la siguiente exploración. La matrona me miró a los ojos y con una sonrisa me dijo, " no hace falta más medicación, ¡te has puesto de parto tu solita! El cuello estaba borrado a un 80% y ya tenía 2-3cm de dilatación.

¡Qué alegría! Por fin iba a poder disfrutar del proceso como había soñado. Empezaba el viaje de traer a mi hijo al mundo.

A medida que pasaban las horas, las olas eran más intensas. Mi marido y yo pusimos una playlist de música que habíamos preparado para ese día con canciones que nos llevaban a recuerdos bonitos, como el día de nuestra boda, cuando nos conocimos o canciones que tenían un significado especial para nosotros.

Entre ola y ola bailábamos en la habitación y hablamos de que en unas horas el sueño de formar una familia juntos se vería cumplido.

Con cada nueva ola la intensidad iba en aumento. Mi marido me realizaba masajes en las lumbares durante las olas y me facilitaron sacos de semillas calientes que me ayudaron mucho. Además, en cada ola con mi abanico me daba aire y mientras seguía las respiraciones guiadas con la voz de Paula de fondo, tan familiar para mí.

Recuerdo una de las veces que fui al baño y me miré en el espejo, sonreí viendo aquella barriga en el reflejo, en ese momento no fui consciente de que ya no la volvería a ver. Me despedí de ella sin saberlo.

A la 1:45h pedí que me administraran la walking epidural. Las olas cada vez ganaban en intensidad, necesitaba estar descansada y guardar fuerzas para el momento del expulsivo.

Llegó la anestesista y el proceso fue rápido e indoloro.

A las 2:20h volvieron a explorarme. Cuello borrado y dilatación de 6cm. Lo más difícil estaba hecho, ahora tocaba esperar y seguir dilatando poco a poco.

Entorno a las 5 de la mañana noté una ola intensa, aunque no dolorosa, observé en el monitor como se formaba la montañita y acto seguido noté correr líquido entre mis piernas. Avisé a la matrona y si, había roto aguas. Aguas limpias. El proceso de parto continuaba su curso.

En el tacto de las 6:20h tenía ya una dilatación de 7-8 cm amplios.

A las 7:30h rompieron un globito que se había quedado en la bolsa. Y ya estaba en dilatación completa, ahora solo faltaba esperar alrededor de dos horas, dejando que el bebé fuera descendiendo naturalmente poco a poco por el canal del parto.

Ya estaba amaneciendo, entraban los rayos de sol por la ventana. Que buen día para nacer después de tantos días de lluvia pensé.

Sobre las 9:30h h llegó la matrona, Guiomar, que nos acompañaría durante la última fase del parto.

Me exploró y me dijo que podíamos empezar poco a poco a pujar. Yo le pedí retirar la epidural. Quería sentir cada ola y ayudar conscientemente a mi cuerpo en cada pujo.

Pusimos nuestra playlist de nuevo y unos 20 minutos después ya empecé a notar olas más intensas.

En la habitación solo estábamos la matrona, una auxiliar de enfermería, mi marido y yo. Se respiraba un ambiente de calma.

Estaba sentada en la cama apoyada en una barra. Recuerdo la sensación placentera de bienestar tras cada ola. Sabía que cada una de ellas me acercaba más a conocer a mi bebé. Fuimos cambiando de posturas y pujando con cada ola. Sentada en la cama, de rodillas en la cama de espaldas, en cuclillas…

En uno de los tactos la matrona me dijo “ya está aquí su cabecita. Y mi pregunta fue… ¿tiene pelo?, ella se rio y me contestó “no sé si mucho o poco pero sí”.

Me ofrecieron colocar el espejo a pie de cama, así podría dirigir incluso mejor cada pujo, acepté la propuesta.

Ahora en cada pujo podía ver coronar la cabecita del bebé, pero cuando dejaba de pujar volvía hacia dentro, como si algo tirara de él desde el interior. Estuvimos así durante unos minutos. A mí se me hizo corto, pero debió de ser más largo de lo que recuerdo. Tras un tiempo de ver que el bebé no bajaba al cuarto escalón entraron las ginecólogas.

Me exploraron y pujé con ellas. En uno de los pujos una de ellas me felicitó dijo “vaya súper suelo pélvico, que musculatura, tienes mucha fuerza” la matrona lo reafirmó con un "lo haces estupendamente mamá". En cada ola y con cada pujo escuchaba en mi cabeza la voz de María, mi entrenadora, yo contraía los músculos trasversos de mi abdomen y respiraba como habíamos practicado en cada uno de los entrenamientos durante estos nueve meses.

A pesar de continuar pujando las ginecólogas me ofrecieron ayudar al bebé con la ventosa, ya que el expulsivo se estaba alargando demasiado y el bebé empezaba a sufrir un poco.

Conectaron la ventosa. Noté muchísima presión en la zona perineal. Pero en tres pujos coordinados con la ginecóloga salió la cabecita de Pablo. Tenía los ojos abiertos y lloraba, aún con el resto de su cuerpo en mi interior. La ginecóloga me dijo “Ala mami cógelo”. Al ir a cogerlo me dijo “espera un segundo...”, Pablo traía una vuelta de cordón, por eso no bajaba, ya que hacía de muelle y regresaba para dentro. Le quitó la vuelta de cordón, lo cogí con mis manos y lo puse en mi pecho.

Pablo lloraba fuerte y de repente se calmó y me miró fijamente a los ojos. Después de nueve meses por fin nos conocíamos. La cita a ciegas más bonita de mi vida.

Acto seguido alumbre naturalmente la placenta, aquel órgano que había dado soporte a mi bebé durante estos nueve meses, se deslizó desde mi interior. Realizaron una imprimación en unos colores preciosos de la misma. Así nos acompañará siempre su recuerdo.

Miré el reloj de la habitación, marcaba las 12:00h de la mañana de un 14 de febrero. Pablo no podría haber elegido mejor día. Y mirándonos a los ojos le dije "Bienvenido al mundo mi amor".

Una vez que el cordón umbilical dejó de latir y perdió su color la ginecóloga ofreció a mi marido cortarlo, aquella parte que aún nos mantenía a mi hijo y a mí físicamente unidos.

Solo tuvieron que darme dos puntos en la mucosa del interior de la vagina por un pequeño desgarro.

Pude tener y vivir el parto de mis sueños. Confiada, relajada, un parto respetado, lento y precioso. Pude vivirlo y experimentarlo tan intensamente gracias a todos los conocimientos que adquirí en tu libro. Todo el tiempo dedicado a la preparación durante el embarazo había dado sus frutos.

Tomé cada elección de mi plan de parto conscientemente, con todos los conocimientos que necesitaba del proceso.
Durante el parto sabía que sucedía en cada momento, identificaba cada respuesta de mi cuerpo, todo aquello me resultaba familiar, era como Paula lo había narrado.

Paula, gracias de corazón por acompañarme en esta andadura tan especial de la vida. Nunca olvidaré los largos paseos con mis perros escuchando tu dulce voz de fondo.

Gracias a María, mi entrenadora de Mumactive, por la motivación en cada entrenamiento, el acompañamiento, la dedicación y el cariño que me brindó durante toda la etapa del embarazo, que me hizo llegar fuerte, empoderada y decidida al momento del parto.

Por último y no menos importante, quería dar gracias a todo el equipo de profesionales de la unidad de maternidad del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Y en especial al excelente equipo de matronas y auxiliares de enfermería del paritorio. Por ayudarme con todo el amor del mundo en un parto como siempre soñé. Respetado, lento, guiado con tanto cariño y dedicación. Por tanta implicación en unos de los días más importantes de nuestras vidas.

A todas. Siempre agradecida.

Atentamente Gema Oterino

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