La historia de parto
Quiero empezar dando un poco de contexto. Mi fecha probable de parto era el 18 de enero según la primera ecografía, aunque por mi última regla correspondía al 22. Como somos una familia nómada y nos mudamos cada pocos meses, no llevé el control del embarazo en un único lugar. Al establecernos en Murcia para la recta final, decidí decirle a la matrona que mi fecha era el día 22; quería ahorrarme la presión de una inducción temprana.
El lunes 26 de enero, durante la revisión, pedí al ginecólogo que me realizara la maniobra de Hamilton, pues ya querían programarme la inducción para el jueves. Al intentarlo, me dijo que era imposible: estaba dilatada de 0 cm. Me desanimó muchísimo cuando sentenció literalmente: "No te vas a poner de parto en los próximos 2 o 3 días".
Salí llorando, pero al llegar a casa decidí cambiar el chip. Utilicé las relajaciones y afirmaciones del curso de hipnoparto de Paula, decidí confiar en mi bebé y en mi cuerpo, y olvidar lo que dijo el médico. Aquella tarde tuve bastantes olas, pero me fui a dormir tranquila. A la 1 de la mañana me desperté con una ola muy intensa: pasé de 0 a 100, con contracciones cada 2 o 3 minutos. Dejamos a mi hija mayor con su abuela y fuimos al hospital. De camino usé la máquina TENS y mis cascos con música relajante para intentar mantener el ambiente relajado.
Al llegar, solo una hora después de despertar, ya estaba de 7 cm. Me pasaron directo a la bañera de partos. Ese tiempo hasta la dilatación completa fue mágico. Mi pareja y yo aplicamos todo lo aprendido: música, masajes, caricias y afirmaciones. Conectamos de una forma especial y disfruté mucho del proceso.
A los 10 cm, por protocolo, salí de la bañera y me colgué de las telas. Me temblaban las piernas, pero seguía en mi "planeta parto", feliz de estar cerca de conocer a mi chiquitín. Tras un buen rato, accedí a un tacto: la bolsa seguía intacta y el bebé flotaba sin encajarse. El tiempo corría en mi contra. Tras hacer un BRAINS con mi pareja, acepté romper la bolsa esperando que eso ayudara a encajarlo, a pesar de saber que las olas se intensificarían. Pero tras romperla y moverme mucho, nada cambiaba.
El cansancio empezó a pesarme. Probé el óxido nitroso, que me ayudó a relajarme entre olas, pero tras una hora sin avances y agotada, pedí la epidural para descansar. Ahí empezó la parte dura: la presión del tiempo y la amenaza de cesárea.
Con la epidural probamos pujos, pero el descenso era muy lento. El paritorio se llenó de gente; se perdió la intimidad, pero mi prioridad era que mi niño saliera bien. Me informaron que tenía la vulva muy inflamada, lo que dificultaba la salida. El ginecólogo me dio un ultimátum: probar unos pujos más y, si el bebé bajaba al "escalón 3", usarían ventosa; si no, cesárea. Eso me hizo sacar fuerzas de donde no las tenía. Empujé con todo, el bebé bajó, usaron la ventosa para ayudar y yo terminé el expulsivo sola. En cuanto me lo pusieron encima, todo cobró sentido. Esas dos horas de piel con piel fueron mágicas.
Nació a las 10:53 del 27 de enero, pesando 3,845 kg. Exactamente 24 horas después de que me dijeran que "no pariría en días". Aunque no fue el parto soñado, lo abrazo y lo acepto, feliz de que ambos estemos bien.
Mil gracias por tu curso Paula, los recursos, el grupo y todo tu acompañamiento.
Marina Boada
