¿Puede la forma en la que nacemos influir en nuestra vida?
Es una pregunta enorme.
Y también una pregunta que puede generar mucho miedo a las familias.
Porque cuando una madre ha vivido un parto complicado, una cesárea que no esperaba, una separación de su bebé o una experiencia que sintió como traumática, es fácil empezar a preguntarse:
¿Le habrá afectado a mi bebé?
En el episodio 165 de Tu Mejor Parto hablamos con el psicólogo Enrique Blay sobre embarazo, nacimiento, vínculo y la importancia del entorno emocional en los primeros momentos de la vida.
Pero, sobre todo, hablamos de algo que puede resultar muy tranquilizador:
una experiencia difícil no tiene por qué convertirse en una herida para siempre.
El embarazo es mucho más que esperar a que nazca un bebé
Durante el embarazo existe una conexión constante entre madre y bebé.
La comunicación no empieza cuando nace.
Ya existe durante la gestación a través de diferentes vías sensoriales, fisiológicas y bioquímicas.
Y también existe una comunicación más consciente.
Hablarle al bebé.
Cantarle.
Tocarse la barriga.
Pensar en él.
Parar unos minutos.
Relajarse.
Crear un espacio para conectar.
Son pequeños momentos que pueden ayudar a que la madre también viva el embarazo de una manera diferente.
Y quizá esto sea especialmente importante en una sociedad en la que muchas mujeres llegan al embarazo y continúan viviendo a toda velocidad.
Trabajo.
Casa.
Preparativos.
Listas.
Citas.
Compras.
Todo parece estar orientado hacia lo que ocurrirá después.
Pero también necesitamos permitirnos estar presentes en lo que está ocurriendo ahora.
Parar durante el embarazo también es una forma de cuidar
Una de las reflexiones más bonitas del episodio es precisamente esta necesidad de parar.
No hacer nada durante unos minutos.
Respirar.
Sentir.
Pensar en el bebé.
Dejar fuera, aunque sea temporalmente, todas las obligaciones.
La relajación y la visualización pueden convertirse en herramientas para crear ese espacio de conexión consciente durante el embarazo.
Y no se trata únicamente de beneficiar al bebé.
También es un regalo para la madre.
Porque el embarazo puede convertirse fácilmente en otro periodo de productividad.
Y quizá necesitemos recordar que no todo tiene que servir para conseguir algo
.
A veces simplemente necesitamos parar.
¿El bebé puede sentir lo que siente su madre?
En la conversación hablamos de la relación entre el estado emocional de la madre y el bebé durante la gestación.
El bebé está profundamente conectado con ella y, por eso, cuidar el bienestar de la madre también es una forma de cuidar al bebé.
El entorno en el que vive la madre importa.
Su descanso.
Su tranquilidad.
Su salud física.
Su estado emocional.
Y también sentirse querida y acompañada.
Por eso, cuando hablamos de embarazo saludable, no deberíamos pensar únicamente en analíticas, ecografías y alimentación.
La salud emocional también forma parte de la ecuación.
El parto también es una experiencia emocional
Cuando llega el nacimiento, el entorno vuelve a adquirir una enorme importancia.
Un ambiente tranquilo.
Libertad de movimiento.
Menos estrés.
Intimidad.
Acompañamiento.
Y la posibilidad de que el proceso fisiológico pueda desarrollarse siempre que las circunstancias clínicas lo permitan.
El episodio recoge la idea de que muchas de las condiciones que favorecen un parto fisiológico también ayudan a que la experiencia emocional de la madre sea más positiva.
No se trata de enfrentar parto fisiológico y medicina.
La medicina puede ser imprescindible y salvar vidas.
Una cesárea necesaria es una herramienta extraordinaria cuando realmente se necesita.
El problema aparece cuando confundimos una intervención necesaria con la única manera posible de acompañar un nacimiento.
¿Y qué ocurre si el parto no fue como imaginabas?
Aquí llegamos a una de las partes más importantes de la conversación.
Porque no todos los partos salen como habíamos planeado.
Puede haber una cesárea.
Un fórceps.
Una separación.
Una intervención urgente.
O simplemente una experiencia que la madre había imaginado de otra manera.
Y eso puede generar dolor emocional.
Pero haber vivido una experiencia traumática no significa que el bebé vaya a quedar marcado para siempre.
Este mensaje es especialmente importante para las madres que después de un parto difícil sienten culpa o miedo por su hijo.
No es tarde.
Una experiencia traumática puede repararse
En el episodio aparece una metáfora muy potente.
La de una bola de hielo.
Una experiencia traumática puede convertirse en una especie de bola de hielo.
Si se deja caer por una pendiente, puede hacerse cada vez más grande.
Pero también podemos hacer algo diferente.
Podemos aportar calor.
¿Y cuál es ese calor?
El vínculo.
El cariño.
La cercanía.
El afecto.
Responder al bebé cuando necesita contacto.
Atender su llanto.
Hacerle sentir amado.
Todo aquello que ayuda a construir un vínculo seguro puede contribuir a que una experiencia difícil no permanezca como una herida abierta.
No necesitas haber tenido un parto perfecto para criar a un bebé feliz
Este mensaje merece repetirse.
Porque existe una presión enorme alrededor de cómo debería ser el nacimiento.
Como si hubiera una manera correcta de parir.
Como si una intervención médica pudiera convertir automáticamente una experiencia en un fracaso.
Y no.
La vida es imprevisible.
A veces necesitamos una intervención.
A veces el nacimiento no ocurre como queríamos.
Y eso no significa que hayamos fallado.
Tampoco significa que hayamos condenado a nuestro bebé a tener problemas en el futuro.
Hay muchísimo más después del nacimiento.
Lo que ocurre después también importa
El nacimiento es importante.
Pero no es el final de la historia.
Es el principio.
Después llegan los días.
Las semanas.
Los meses.
La crianza.
El contacto.
La alimentación.
El sueño.
Los brazos.
Las palabras.
Las miradas.
La manera en la que respondemos cuando nuestro bebé nos necesita.
Todo eso también construye la experiencia emocional del niño.
Por eso resulta tan importante no quedarse atrapada en la idea de:
"Mi parto fue así y ya está todo perdido."
No.
Todavía hay muchísimo que podemos hacer.
Atender el llanto también es comunicación
Durante el episodio aparece otro tema especialmente interesante: la importancia de atender las necesidades emocionales del bebé.
El contacto.
Los brazos.
La cercanía.
La lactancia.
El colecho cuando una familia decide practicarlo de forma segura.
El acompañamiento ante el llanto.
Son maneras de transmitir al bebé algo fundamental:
"Estoy aquí."
No significa que tengamos que hacerlo todo perfectamente.
Ni que una madre tenga que estar disponible cada segundo.
Significa construir, día a día, una relación en la que el bebé pueda sentirse cuidado y querido.
Y sí, las madres también se equivocan
Esta idea aparece al hablar de crianza y merece mucha atención.
Habrá días en los que tendremos paciencia.
Y otros en los que no.
Días en los que responderemos maravillosamente.
Y otros en los que levantaremos la voz o reaccionaremos peor de lo que nos habría gustado.
Eso no significa que hayamos creado un trauma.
Somos humanos.
Lo importante es lo que hacemos después.
Podemos reconocerlo.
Podemos pedir perdón.
Podemos reparar.
Y ese gesto también enseña algo extraordinario a nuestros hijos.
Que los adultos también se equivocan.
Que cuando hacemos daño podemos reconocerlo.
Y que pedir perdón no nos hace menos importantes.
Reparar también educa
Cuando un adulto se agacha al nivel de un niño y le dice:
"Lo siento, antes no he reaccionado bien."
está enseñando mucho más que una disculpa.
Está enseñando que los errores pueden repararse.
Que las relaciones pueden cuidarse.
Que nadie tiene que ser perfecto.
Y que ese niño es lo suficientemente importante como para que un adulto sea capaz de reconocer su error.
La crianza no consiste en evitar cualquier experiencia desagradable.
Consiste también en acompañar lo que ocurre después.
¿Cómo influye la forma en la que nacemos?
Durante la conversación aparece una cuestión fascinante: cómo la experiencia del nacimiento puede formar parte de nuestra historia emocional.
Pero aquí conviene evitar interpretaciones deterministas.
El hecho de haber nacido mediante cesárea, haber necesitado instrumentalización o haber vivido una separación no significa que una persona vaya a desarrollar necesariamente un determinado comportamiento o problema.
El nacimiento puede formar parte de nuestra historia.
Pero no escribe por sí solo nuestro destino.
Después vienen el vínculo, la crianza, las relaciones, las experiencias y todo lo que construimos a lo largo de la vida.
La relación empieza antes de que podamos hablar
Quizá uno de los grandes aprendizajes de este episodio sea entender que comunicarnos con nuestro bebé no requiere palabras.
Podemos hacerlo con el contacto.
Con la voz.
Con una mirada.
Con una caricia.
Con nuestra presencia.
Y durante el embarazo también podemos buscar momentos para establecer esa conexión.
La relajación y la visualización pueden convertirse en un pequeño ritual para parar y dedicar unos minutos exclusivamente a ese vínculo.
No se trata de hacerlo perfecto
Este episodio también puede servir para quitarnos una enorme mochila de encima.
Porque si empezamos a pensar que cada emoción de la madre afecta al bebé, que cada intervención durante el parto deja una huella permanente o que cada error durante la crianza puede convertirse en un trauma, la maternidad se convierte en una fuente constante de miedo.
Y ese no debería ser el objetivo.
Cuidar importa.
Prepararse importa.
Informarse importa.
Pero también necesitamos aceptar que somos humanos.
Que la vida es imprevisible.
Y que nuestros hijos no necesitan madres perfectas.
Necesitan adultos disponibles para quererles, cuidarles y reparar cuando sea necesario.
Reflexión final
Quizá la pregunta no debería ser:
"¿Tuve el parto perfecto?"
Sino:
"¿Cómo puedo cuidar ahora el vínculo con mi bebé?"
Porque incluso cuando el nacimiento no fue el que imaginábamos, la historia continúa.
Podemos abrazar.
Podemos mirar.
Podemos hablar.
Podemos escuchar.
Podemos responder.
Podemos pedir ayuda.
Podemos reparar.
Y podemos ofrecer a nuestro bebé algo que va mucho más allá de un parto perfecto:
la sensación profunda de ser querido.
El nacimiento importa.
Pero el vínculo también.
Y quizá una de las ideas más tranquilizadoras de este episodio sea precisamente esta:
no todo queda decidido el día que nace un bebé.
La historia acaba de empezar.
🎧 Puedes escuchar el episodio completo de Tu Mejor Parto para profundizar en la conexión entre embarazo, nacimiento, vínculo y crianza, y descubrir por qué una experiencia de parto difícil no tiene por qué convertirse en una herida permanente.
Lo que aprenderás
Cómo se relacionan embarazo, nacimiento, vínculo y crianza.
Por qué el bienestar emocional de la madre también forma parte de un embarazo saludable.
Cómo crear momentos de conexión consciente con tu bebé durante el embarazo.
Qué factores pueden favorecer un parto más tranquilo y una experiencia emocional positiva.
Por qué un parto difícil, una cesárea o una separación no determinan el futuro de tu bebé.
Cómo el vínculo, el contacto, el cariño y la respuesta a las necesidades del bebé pueden ayudar a reparar una experiencia difícil.
Por qué no necesitas ser una madre perfecta y cómo la reparación después de un error también educa.
Cómo cuidar el vínculo después del nacimiento y entender que la historia no queda decidida el día que nace un bebé.
Recursos
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Hablando con las profesionales más apasionadas y expertas en el parto.
Paula Ripol y myBabymyBirth®
Mamá de dos niños, autora del libro Dar a luz con hipnoparto, anfitriona del podcast Tu mejor parto, instructora de hipnoparto y fundadora de myBabymyBirth®. Paula lidera la formación y estará en directo cada semana.
Mi misión es que más mujeres consigan tener su mejor parto ganando conocimiento para entender sus opciones y con herramientas para vivir su embarazo y parto desde la calma.
En este podcast vamos a hablar de todo lo que tiene que ver con el parto. Entrevistaremos a las mejores profesionales del ámbito de la maternidad desde comadrones, a médicos obstetras.







