Alba llevaba años escuchando relatos de parto antes incluso de quedarse embarazada. Durante mucho tiempo había tenido miedo al parto y se lo imaginaba como algo doloroso, imprevisible y parecido a las escenas que había visto tantas veces en películas.
Pero poco a poco, a través de otros relatos, esa mirada cambió.
Cuando llegó su propio embarazo, ya no quería enfrentarse al nacimiento desde el miedo. Quería entenderlo, informarse y prepararse. Leyó Dar a luz con hipnoparto, escuchó los episodios de Tu Mejor Parto, hizo el curso de hipnoparto y practicó respiraciones y relajaciones.
Y entonces, cuando estaba de 37 semanas y 2 días, su cuerpo decidió que ya era el momento.
Alba rompió aguas de madrugada, sin apenas haber tenido contracciones, y comenzó un parto que acabaría siendo muy diferente de lo que había imaginado.
De tener miedo al parto a tener ganas de vivirlo
La historia de Alba empieza varios años antes del embarazo.
Ella misma explica que anteriormente tenía miedo al parto. Su referencia eran, en buena medida, las imágenes que había visto en películas y una visión bastante asociada al dolor y al sufrimiento.
Pero un día escuchó un podcast de relatos de parto.
Y aquella experiencia le cambió completamente la perspectiva.
Empezó a descubrir que existían otras formas de vivir el nacimiento y durante años siguió escuchando historias de otras madres. Cuando finalmente llegó su embarazo, encontró Tu Mejor Parto y comenzó a utilizar el podcast como una de sus herramientas de preparación.
Escuchaba los episodios mientras conducía hacia el trabajo y fue construyendo poco a poco una imagen diferente del parto.
Ya no se trataba solamente de pensar: «Tengo que parir».
Empezó a pensar: «¿Cómo será mi parto?»
Ese cambio es una de las ideas más interesantes de este episodio: pasar del miedo generado por el desconocimiento a la curiosidad y la confianza que pueden aparecer cuando tenemos información.
Informarse no significa leerlo absolutamente todo
Alba decidió desde el principio que no quería saturarse de información.
Escogió un libro sobre embarazo, uno sobre lactancia y uno sobre parto. Para el parto eligió Dar a luz con hipnoparto.
También escuchó los episodios del podcast y utilizó los recursos de preparación.
En lugar de intentar conocer absolutamente todas las posibilidades, encontró una manera de prepararse que le encajaba y profundizó en ella.
Porque durante el embarazo podemos encontrar una cantidad prácticamente infinita de información.
Libros, podcasts, vídeos, redes sociales, experiencias de otras madres, opiniones...
Y más información no siempre significa más tranquilidad.
A veces también puede significar más dudas.
La preparación de Alba fue, en ese sentido, bastante concreta: encontrar unos recursos con los que se sintiera cómoda, aprender y después dedicar el resto del tiempo a vivir su embarazo.
Un embarazo tranquilo y la decisión de parar antes de tiempo
El embarazo transcurrió muy bien.
Alba apenas tuvo síntomas y mantuvo una buena energía. Continuó haciendo ejercicio adaptándolo a cada momento y siguió trabajando durante buena parte del embarazo.
Sin embargo, durante el último trimestre decidió dejar de trabajar.
Quería disponer de un tiempo para ella, para vivir aquella etapa con más tranquilidad y prepararse para la llegada de su bebé sin tener que mantener el mismo ritmo de responsabilidades.
Es una decisión que ella valora especialmente porque le permitió llegar a las últimas semanas con otro estado mental.
No sabía cuándo empezaría el parto.
Pero tenía tiempo para estar presente en esa espera.
Prepararse también es preparar a la pareja
Alba hizo el curso de hipnoparto principalmente por su cuenta, porque su pareja todavía trabajaba.
Ella tomaba apuntes, hacía dibujos y después le explicaba lo que había aprendido.
Aun así, él participó en aquellas partes que consideraban importantes. Vieron juntos algunos recursos concretos y realizaron también un taller presencial sobre métodos naturales de alivio del dolor, especialmente posturas que podían utilizar durante el parto.
Y esa preparación tuvo un papel fundamental.
Su pareja conocía lo que Alba quería.
Sabía que quería utilizar la pelota, probar el agua, evitar inicialmente la epidural y utilizar las herramientas que había aprendido.
Pero, sobre todo, confiaba en ella.
Durante el parto, esa confianza permitió que Alba pudiera concentrarse en su propio proceso mientras él se ocupaba de otras cuestiones.
El cuerpo empieza a dar señales
A mitad del embarazo Alba ya había experimentado alguna molestia parecida al dolor de regla, pero desaparecía y no le daba demasiada importancia.
Hasta que llegó aquel martes.
Estaba de 37 semanas y 2 días.
Al levantarse se sentía diferente. Tenía una sensación extraña en el vientre y molestias que también se irradiaban hacia la zona de los riñones.
No era exactamente dolor.
Era, como ella lo describe, una sensación de que algo estaba pasando.
Ese día decidió salir a caminar, algo que había hecho mucho durante el embarazo. Pero ocurrió algo curioso: llegó a un parque y sintió que no debía continuar.
Su cuerpo parecía pedirle que se quedara allí.
Se sentó, tomó el sol, escuchó música y estuvo pensando en la bebé y en el momento que se acercaba. Después volvió a casa.
Incluso recuerda que aquel día tuvo un apetito especial y preparó una comida contundente antes de continuar con su rutina.
A posteriori, Alba interpreta todas aquellas pequeñas señales como parte de un proceso que su cuerpo ya estaba empezando a poner en marcha.
Romper aguas en la semana 37
Por la noche cenó con su pareja, vieron una serie y se fueron a dormir.
A las doce y media de la noche se despertó con una sensación muy intensa de necesitar hacer pis.
Pero cuando se levantó, no llegó al baño.
El líquido salió antes.
Al principio pensó que podía ser orina, pero rápidamente se dio cuenta de que aquello era diferente. Continuaba saliendo líquido y había algunos pequeños hilos de sangre.
Había roto aguas.
La emoción fue inmediata.
Por un lado, estaba la ilusión:
«Ya va a venir. Ya es el momento».
Pero también apareció la inseguridad.
Estaba solamente de 37+2 y no esperaba que ocurriera tan pronto.
Habían hablado de preparar el salón de casa cuando empezara el parto: luz tenue, música, aceites esenciales...
Pero en aquel momento Alba sintió que quería ir al hospital.
Y cambió el plan.
Cuando el plan cambia porque tú necesitas otra cosa
Este momento resulta especialmente interesante porque Alba tenía una idea previa sobre cómo quería empezar su parto.
Pensaba que estaría tranquila en casa.
Sin embargo, cuando rompió aguas, sintió exactamente lo contrario.
Quería ir al hospital.
Y decidió escucharse.
No necesitaba demostrar que podía quedarse en casa porque ese era el plan inicial. Necesitaba sentirse segura.
Así que terminaron de preparar la bolsa y se fueron.
Al llegar al hospital, la bebé estaba perfectamente, pero la tensión arterial de Alba estaba elevada. Durante el embarazo no había tenido problemas de tensión y los controles previos habían sido normales.
Le administraron medicación y subieron a la habitación para observar cómo evolucionaba.
Y allí apareció otra de las herramientas que Alba había trabajado durante el embarazo: la capacidad de aceptar que el parto podía tomar un camino diferente.
Llegó incluso a pensar que, si finalmente tenía que ser una inducción o una cesárea, sería lo que tuviera que ser.
Su bebé iba a nacer.
Y ella ya estaba allí.
Las contracciones empiezan y Alba entra en su propio mundo
La tensión se normalizó.
Alba comenzó a notar las contracciones y empezó a moverse por la habitación.
Caminaba de un lado a otro.
Intentó utilizar la pelota, que había usado mucho durante el embarazo, pero en aquel momento no estaba cómoda. Así que decidió seguir caminando.
Las contracciones se fueron haciendo regulares, aproximadamente cada cinco minutos.
Su pareja comenzó a registrarlas en la aplicación ONA.
Mientras tanto, Alba empezó a desconectarse progresivamente de todo lo que ocurría a su alrededor.
Entró en el planeta parto.
Respiraba las contracciones con la boca abierta y las vocalizaba. Recordaba el trabajo de respiración y la conexión entre garganta y cuello uterino que había aprendido durante su preparación.
Durante varias horas, aquellas herramientas le funcionaron.
Hasta que llegó un momento en que ya no fueron suficientes.
«Necesito algo más»
Alrededor de las siete de la mañana, la intensidad de las contracciones había aumentado mucho.
Alba llevaba horas utilizando sus recursos: auriculares, música, respiración y vocalización.
Pero sintió que necesitaba otra cosa.
Inicialmente quería evitar la epidural. Su idea era probar primero con la ducha o la bañera y continuar utilizando métodos naturales de alivio.
Sin embargo, el equipo estaba atendiendo otros partos y tuvo que esperar.
A las ocho llegó una nueva matrona.
Le propuso hacer un tacto para comprobar cómo evolucionaba el parto.
Alba esperaba estar bastante avanzada.
Pero estaba de dos centímetros.
La noticia fue un golpe emocional.
Había pasado toda la noche sin dormir y, al escuchar aquella cifra, empezó a pensar cuánto tiempo podía quedar todavía y si sería capaz de continuar así.
Y entonces tomó una decisión:
Pidió la epidural.
Pedir la epidural también puede formar parte de la preparación
Esta es probablemente una de las partes más interesantes del relato.
Alba se había preparado para un parto sin epidural.
Había aprendido respiraciones, relajaciones, visualizaciones y diferentes recursos para gestionar las contracciones.
Y los utilizó durante horas.
Pero llegó un momento en que necesitó otra herramienta.
Eso no invalida la preparación.
La preparación no debería convertirse en una prueba que haya que aprobar.
No se trata de conseguir un determinado tipo de parto para demostrar que hemos sido capaces.
Se trata de disponer de información y recursos para poder tomar decisiones cuando llega el momento.
Y, además, el parto de Alba dio un giro inesperado.
Porque cuando pidió la epidural y se prepararon para administrársela, el nacimiento comenzó a avanzar muchísimo más rápido.
De dos a siete centímetros en muy poco tiempo
Mientras esperaba al anestesista, Alba se metió en la ducha.
El agua caliente le proporcionó bastante alivio, pero la intensidad de las contracciones seguía aumentando.
En torno a las 8:45 recuerda una contracción especialmente intensa que hizo que acabara en el suelo, a cuatro patas.
A partir de ahí, sus recuerdos empiezan a ser más difusos.
La sensación de presión aumentó.
La matrona le preguntó si tenía ganas de hacer caca y Alba no sabía identificar exactamente qué estaba sintiendo.
Finalmente comprobaron cómo estaba.
Ya estaba de siete centímetros.
Había pasado de dos centímetros a siete en muy poco tiempo.
Y poco después llegó la dilatación completa.
Ya podía empezar a empujar.
La epidural, que unos minutos antes parecía imprescindible, finalmente no llegó a ponerse.
El parto había avanzado demasiado rápido.
Cuando el cuerpo toma el mando
Alba comenzó el expulsivo sin epidural.
Probó diferentes posiciones y pidió ponerse en vertical.
El equipo le explicó las posibilidades y finalmente encontró una posición que podía facilitar el descenso de la bebé según cómo estaba colocada su cabeza.
En ese momento Alba recuerda especialmente la confianza que le transmitió la matrona.
Cuando ella decía que no podía más, la profesional le respondía que lo estaba haciendo fenomenal y que continuara tranquila.
Esa confianza fue importante.
Alba terminó dejándose guiar por el equipo.
Y volvió a experimentar esa sensación de desconexión del exterior que había comenzado durante la dilatación.
Entre contracción y contracción podía respirar y descansar.
Cuando llegaba una nueva ola, avisaba.
Y el equipo se activaba de nuevo.
El momento en que aparece Jimena
Poco a poco, la cabeza de la bebé fue descendiendo.
Alba recuerda que preguntó cuánto faltaba.
La matrona le cogió la mano y la acercó para que pudiera tocar el pelo de su hija.
Le dijo que en la siguiente contracción saldría la cabeza.
Y así fue.
Después, en la siguiente contracción, salió el cuerpo.
Jimena había nacido.
La colocaron inmediatamente sobre Alba.
Y aunque durante meses había imaginado aquel momento, la realidad fue completamente diferente a cualquier visualización.
Era real.
Su hija estaba allí.
La emoción fue enorme.
El plan de parto que finalmente no necesitó estar escrito
Hay otra particularidad interesante en la historia de Alba.
Ella había pensado en preparar un plan de parto, pero finalmente decidió no presentarlo.
Había conocido a una matrona del hospital durante las clases de yoga para embarazadas y esa experiencia le había transmitido mucha confianza respecto al tipo de atención que podía recibir allí.
Además, había algo que para ella era incluso más importante que el documento:
su pareja sabía perfectamente lo que quería.
Él conocía sus preferencias y podía recordarlas y comunicarlas si ella no estaba en condiciones de hacerlo.
Sabía lo que pensaba sobre la epidural, el agua, la pelota y otros aspectos del parto.
Por eso Alba sentía que podía desconectar y centrarse completamente en su cuerpo.
Su pareja se ocupaba de la parte que ella ya no necesitaba controlar conscientemente.
El papel de la pareja: sostener cuando tú ya no puedes pensar
Durante la dilatación, Alba necesitó en algunos momentos estar consigo misma.
Necesitaba entrar en su propio mundo y atravesar las contracciones sin demasiada interacción.
Pero su pareja permanecía allí.
Le daba la mano.
Controlaba las contracciones.
Recordaba sus preferencias.
Y durante el expulsivo la animaba constantemente.
Incluso había preparado unas pequeñas tarjetas con afirmaciones positivas para enseñárselas durante el parto.
Aunque cuando Alba estaba completamente concentrada en la intensidad del momento, la respuesta fue bastante clara:
«Ahora no».
Y también está bien.
A veces preparar a la pareja significa saber qué hacer y también saber cuándo dejar de hacerlo.
El acompañamiento no consiste en aplicar todas las herramientas que hemos preparado.
Consiste en observar qué necesita la persona que está pariendo en cada momento.
Prepararse no significa controlar el parto
El relato de Alba deja una enseñanza especialmente interesante.
Ella se había preparado.
Había escuchado relatos durante años.
Había leído.
Había hecho un curso de hipnoparto.
Había practicado respiraciones y relajaciones.
Había realizado un taller con su pareja.
Había pensado en el ambiente que quería crear.
Había imaginado utilizar la bañera.
Y, sin embargo, su parto fue completamente diferente a ese escenario inicial.
Rompió aguas en la semana 37.
Tuvo una subida de tensión al llegar al hospital.
Pensó que tendría que quedarse ingresada.
Las contracciones comenzaron durante la noche.
Pidió la epidural.
Y finalmente no llegó a recibirla porque la dilatación avanzó a toda velocidad.
Nada de eso significa que la preparación no sirviera.
Quizá precisamente la preparación le permitió adaptarse.
Porque una cosa es tener un plan y otra muy diferente es estar preparada para modificarlo cuando las circunstancias cambian.
El parto que imaginamos y el parto que vivimos
Durante el embarazo es inevitable imaginar cómo será el nacimiento.
Alba lo había hecho muchas veces.
Había escuchado otros relatos y pensaba en cómo quería vivir el suyo.
Pero ningún relato puede anticipar exactamente el propio.
Cada parto tiene sus tiempos, sus sensaciones y sus decisiones.
Y el de Alba terminó siendo un ejemplo perfecto de por qué las herramientas son más importantes que intentar controlar el resultado.
No necesitó demostrar que podía evitar la epidural.
No necesitó conseguir exactamente el parto que había imaginado.
Necesitó respirar.
Moverse.
Escuchar a su cuerpo.
Pedir ayuda cuando la necesitó.
Confiar en las profesionales.
Confiar en su pareja.
Y dejarse llevar cuando llegó el momento.
La preparación no le permitió saber qué iba a ocurrir.
Le permitió sentirse capaz de atravesarlo.
Y quizá ahí está una de las claves de este episodio: no se trata de preparar un parto perfecto, sino de prepararte para vivir tu parto con información, recursos y confianza, incluso cuando la historia acaba siendo distinta de la que imaginabas.
🎧 Puedes escuchar el episodio 167 completo de Tu Mejor Parto y conocer la historia de Alba: desde sus primeros miedos al parto hasta romper aguas en la semana 37, las horas de dilatación, la petición de epidural que finalmente no llegó a necesitar y el nacimiento de Jimena.
Lo que aprenderás
Cómo transformar el miedo al parto en confianza a través de la información y la preparación.
Por qué informarse no significa consumir toda la información disponible durante el embarazo.
Cómo preparar a la pareja para que pueda acompañar y sostener durante el parto.
Qué hacer cuando el parto comienza antes de lo esperado y rompe con los planes iniciales.
Cómo utilizar la respiración, el movimiento, la relajación y otras herramientas para afrontar las contracciones.
Por qué pedir una epidural no significa que la preparación para un parto sin ella haya fracasado.
Cómo aceptar los cambios de plan y tomar decisiones según las necesidades del momento.
Por qué prepararse para el parto no consiste en controlar el resultado, sino en contar con recursos, información y confianza para vivirlo.
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Mamá de dos niños, autora del libro Dar a luz con hipnoparto, anfitriona del podcast Tu mejor parto, instructora de hipnoparto y fundadora de myBabymyBirth®. Paula lidera la formación y estará en directo cada semana.
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