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Episodio #166

De un parto fisiológico a la epidural

con Rosa y Jordan

¿Puede una mujer prepararse durante meses para un parto fisiológico y acabar poniéndose la epidural sin sentir que ha fracasado?


El relato de Rosa demuestra que sí. Y que, quizá, la preparación para el parto no consiste tanto en conseguir que todo suceda exactamente como habíamos imaginado, sino en llegar a ese momento con información, herramientas y confianza suficientes para poder tomar decisiones.


En este episodio de Tu Mejor Parto, Rosa comparte junto a su pareja, Jordan, cómo vivieron el nacimiento de su bebé después de prepararse durante el embarazo con hipnoparto, yoga, respiraciones, relajaciones y mucha información.


Su historia tiene muchas horas de contracciones, visualizaciones, agua caliente, cansancio, una epidural y un nacimiento que terminó siendo una experiencia profundamente significativa para los dos.


Prepararse para el parto mucho antes de que llegue


Rosa tenía bastante claro desde antes de quedarse embarazada que quería prepararse para el nacimiento.


Durante el embarazo comenzó con las clases de yoga y realizó el curso de hipnoparto. También leyó libros y escuchó muchos relatos de parto.


De hecho, cuenta que una de las cosas que más le ayudaron durante las últimas semanas del embarazo fue precisamente escuchar experiencias de otras madres.


Los relatos le servían para imaginar posibilidades, sentirse acompañada y afrontar el momento con más calma.


Las herramientas de hipnoparto también estuvieron muy presentes durante el embarazo. Rosa practicaba las relajaciones y las respiraciones y, en ocasiones, Jordan se las leía por las noches.


Incluso durante el masaje perineal utilizaba las relajaciones para intentar mantener la mente tranquila en un momento que podía resultar incómodo.


La preparación, por tanto, no se quedó en conocer una teoría: fue una práctica que ambos fueron incorporando poco a poco.


Jordan también quiso prepararse para el nacimiento


Una de las partes interesantes de este relato es que la preparación no fue únicamente de Rosa.


Jordan también quiso entender qué podía hacer como acompañante.


Leyó libros, escuchó relatos de parto y buscó especialmente experiencias contadas por otros padres. Su objetivo era comprender cuál podía ser su papel antes, durante y después del nacimiento.


Porque acompañar no significa simplemente estar presente.


Durante el parto, Rosa estaría concentrada en su propio proceso y habría momentos en los que no tendría ganas ni fuerzas para conversar con el equipo sanitario. Jordan quería saber qué quería ella, cuáles eran sus límites y qué decisiones había tomado previamente.


Y esa preparación acabó siendo especialmente útil.


Semana 41 y todavía esperando


El embarazo llegó a las últimas semanas.


Rosa estaba oficialmente de 41+2, aunque explica que su cálculo inicial de la fecha probable de parto era diferente porque en la primera ecografía se había modificado la fecha.


Para ella, este detalle tenía importancia porque cuanto más avanzaba el embarazo, más presente estaba la posibilidad de una inducción.


Sin embargo, en sus controles de las semanas 40 y 41 no le hablaron de inducción. Esa circunstancia le permitió vivir esos últimos días con bastante más tranquilidad.


Había pasado un embarazo muy bueno, aunque reconoce que el último mes, con mucho calor y molestias parecidas a dolores de regla, se le hizo especialmente largo.


En la semana 41 comprobaron que el cuello del útero estaba acortado y que ya había algo de dilatación. Le ofrecieron realizar la maniobra de Hamilton y aceptó.


Después perdió el tapón mucoso y, unos días más tarde, comenzaron las contracciones.


El parto empieza en casa


Aquella noche hacía muchísimo calor.


Rosa y Jordan salieron a caminar durante aproximadamente una hora. Después ella se duchó y se fue a dormir.


A las dos de la madrugada apareció la primera contracción.

Era leve y Rosa volvió a dormirse.


A las tres llegó otra. Después empezaron a despertarla aproximadamente cada diez minutos.


A partir de las cuatro de la mañana se levantó y comenzó a utilizar las herramientas que había practicado durante el embarazo: respiración, movimiento y pelota.


Jordan todavía dormía.


Hasta que, alrededor de las cinco, las contracciones comenzaron a ser más frecuentes y Rosa decidió despertarlo.


El parto había comenzado.


Llegar al hospital con las herramientas aprendidas


A las siete de la mañana salieron hacia el hospital.


Cuando llegaron, Rosa estaba alrededor de los tres centímetros de dilatación y el cuello uterino estaba bastante borrado. El equipo decidió observar cómo evolucionaba el parto.


Pasó unas horas monitorizada con correas inalámbricas mientras utilizaba la pelota y continuaba respirando.


Después le ofrecieron quedarse en paritorios o subir a planta.


La decisión tuvo que ver también con algo muy práctico: en planta todavía podía comer y tenía acceso a una ducha.


Y Rosa tenía claro qué quería hacer.

Ducharse.


El agua caliente como aliada


La ducha fue uno de los recursos que más le ayudaron durante el parto.


Cuenta que, cuando las contracciones empezaron a intensificarse, el agua caliente consiguió que se relajara muchísimo.


Llegó incluso a decirle a Jordan que allí se quedaba.


El agua le permitía concentrarse, relajarse y gestionar mejor la intensidad de las contracciones.


Mientras tanto, las matronas iban controlando la evolución y respetando el espacio que Rosa necesitaba.


Había llegado con un plan de parto y lo había entregado al ingresar. Según explica, el equipo lo respetó y se notaba que las profesionales que iban entrando conocían su contenido.


Entre otras cosas, había indicado que no quería que le ofrecieran la epidural.

Y nadie se la ofreció.


Hasta que llegó un momento en que fue ella quien la pidió.


Cuando las herramientas dejan de ser suficientes


Durante varias horas Rosa consiguió gestionar las contracciones mediante respiración, concentración y visualizaciones.


Una de las imágenes que más recuerda es la de las olas.


Las contracciones más intensas se convertían mentalmente en grandes olas que tenía que surfear. Algunas eran como las enormes olas de Nazaré; otras, más pequeñas, como las de Mundaka.


La visualización le ayudaba a atravesarlas una a una.


Fue, según cuenta, uno de los momentos que recuerda con más intensidad y concentración.


Pero el parto avanzaba y el cansancio también.


Después de muchas horas, las contracciones se volvieron cada vez más intensas y Rosa dejó de sentirse capaz de gestionarlas de la misma manera.


Habían pasado alrededor de 17 horas de parto activo.


Estaba agotada.


Y entonces pidió que la exploraran.


Pedir la epidural no significa fracasar


En ese momento estaba aproximadamente en cinco o seis centímetros y llevaba muchas horas trabajando.


Rosa comenzó a llorar y a temblar por la tensión y el cansancio.


Y tomó una decisión que inicialmente no formaba parte de su idea de parto: pidió la epidural.


Las matronas tuvieron una reacción que para ella fue muy importante.


Le explicaron que no debía sentir que había fracasado. Todo lo contrario: había realizado un enorme trabajo durante muchas horas y había avanzado muchísimo.


Finalmente le colocaron la vía y la epidural.


Y ocurrió algo que Rosa considera muy significativo.


Al relajarse, su cuerpo avanzó rápidamente.


En aproximadamente una hora había completado la dilatación que le faltaba.


A veces preparar el parto también significa aceptar cambiar de plan


La historia de Rosa plantea una reflexión interesante sobre la preparación para el nacimiento.


Ella había imaginado un parto fisiológico. Había practicado respiraciones, visualizaciones y relajaciones. Había trabajado su mente y su cuerpo durante meses.


Y aun así necesitó la epidural.


Eso no convierte su preparación en un fracaso.


Al contrario: todo aquello que había aprendido siguió formando parte de su experiencia.


La información le permitió saber qué estaba ocurriendo. Las respiraciones le ayudaron durante muchas horas. La visualización le permitió atravesar las contracciones. El masaje perineal formó parte de su preparación.


Y cuando llegó el momento en que necesitó otra herramienta, pudo tomar esa decisión con conocimiento.


Aprender a pujar después de la epidural


Con la epidural, Rosa pudo descansar e incluso dormir.


El problema fue que había dejado de sentir las contracciones.


Ella se había preparado para realizar una respiración descendente y pujar acompañando las sensaciones de su cuerpo, pero ahora apenas notaba nada.


El equipo tuvo que enseñarle a pujar con la epidural.


Al principio le resultó extraño porque estaba empujando sin tener prácticamente ninguna sensación.


Además, uno de sus mayores miedos era precisamente la posibilidad de tener que realizar pujos en apnea.


Finalmente consiguió aprender y, cuando el bebé ya estaba descendiendo, comenzaron a preparar el nacimiento.


Un nacimiento rápido y la participación de Jordan


Entraron en paritorio alrededor de las cuatro de la mañana.


Veinte minutos después, el bebé había nacido.


Rosa pudo notar el llamado “aro de fuego” en el momento final, aunque la epidural había reducido mucho el dolor.


El bebé nació sin instrumentos y Rosa tuvo únicamente pequeñas lesiones que requirieron un par de puntos.


Ella considera que la constancia con el masaje perineal durante el embarazo también fue una parte importante de su preparación.


Pero hay otro detalle especialmente bonito en este nacimiento.


Jordan había expresado desde el principio que quería participar activamente en la recepción del bebé.


Lo habían incluido en el plan de parto y lo habían hablado previamente con las matronas.


Finalmente pudo estar junto a ellas en el momento del nacimiento y participar en la recepción de su hijo.


Para él, fue probablemente uno de los momentos más importantes de su vida.


El primer contacto con el bebé


Después del nacimiento, pusieron al bebé sobre Rosa y comenzó el contacto piel con piel.


El bebé pesó 3,800 kilos.

Rosa recuerda que su primera reacción fue pensar que aquel niño pesaba muchísimo.


Pero también habla de una sensación difícil de explicar.


Había imaginado muchas veces ese momento durante el embarazo. Había visualizado su parto y había pensado en cómo sería conocer a su bebé.


Y de repente, aquello que había imaginado durante meses estaba delante de ella.


No sintió necesariamente una explosión inmediata de amor como quizá había imaginado. Sintió felicidad, pero también extrañeza.


Y eso también forma parte de la experiencia real de convertirse en madre.


Durante aproximadamente dos horas hicieron piel con piel antes de subir a planta.


El papel del padre empieza mucho antes de coger al bebé


Para Jordan, el vínculo con su hijo comenzó de una manera muy concreta durante el nacimiento.


Haberse preparado para el parto le permitió entender qué podía hacer y, sobre todo, qué necesitaba Rosa.


Mientras ella estaba concentrada en su mundo de parto, él podía comunicarse con el equipo sanitario, preguntar dudas, trasladar sus deseos y ayudarla a mantener el espacio que necesitaba.


Rosa explica que eso le permitió sentirse descargada.

No tenía que explicar continuamente qué quería. Jordan ya lo sabía.


Y esa confianza fue una parte importante de su experiencia.


Para él, además, el nacimiento fue el momento en que sintió que empezaba de verdad su vínculo con su hijo.


La preparación no garantiza un parto concreto


Quizá una de las ideas más importantes de este episodio es que prepararse para el parto no significa controlar el resultado.


Rosa se preparó para un parto fisiológico.


Y tuvo muchas horas de un parto sin epidural en las que puso en práctica todo lo aprendido.


Después necesitó otra herramienta.

Y eso no borra nada de lo anterior.


La preparación puede servir precisamente para eso: para conocer las opciones, entender lo que está ocurriendo y tomar decisiones cuando llega el momento.


Como explica Rosa, para ella lo más importante del curso de hipnoparto fue la información.


Saber qué era la maniobra de Hamilton. Conocer las diferentes posibilidades. Entender lo que podía suceder. Practicar las respiraciones. Aprender a utilizar la relajación.


Todo ello le proporcionó sensación de control.


Prepararse juntos cambia la experiencia


Para Jordan, el aprendizaje fue diferente pero igual de importante.


No solo adquirió información sobre el parto. Aprendió cuál era su papel.


Aprendió a respetar el espacio de Rosa, acompañarla, comunicarse con ella y servir de puente con los profesionales cuando ella no quería hablar.


También aprendió a conocer bien sus deseos y sus límites.


Porque acompañar un nacimiento no consiste únicamente en estar en la habitación.


Es saber cuándo hablar, cuándo callar, cuándo sostener, cuándo preguntar y cuándo simplemente dejar que la persona que está pariendo se concentre en su proceso.


Y en este caso, Rosa y Jordan sintieron que formaron un equipo.


No existe un único parto que sea “el correcto”


La historia de Rosa no habla de conseguir el parto perfecto.


Habla de preparación, de decisiones y de flexibilidad.


De pasar de imaginar un parto fisiológico a necesitar una epidural después de muchas horas.


De descubrir que una herramienta puede ser útil en un momento determinado.

De descansar.

De volver a coger fuerzas.

De aprender a pujar de una manera diferente a la prevista.


Y, finalmente, de recibir a un bebé sano y poder recordar todo el proceso como una experiencia de la que sentirse orgullosa.


Porque prepararse para el parto no significa prometerse que nada cambiará.


Significa llegar con recursos.

Con información.

Conociendo tus opciones.


Y, sobre todo, confiando en que podrás tomar las decisiones que necesites cuando llegue el momento.


Rosa lo resume de una manera muy clara: la información le dio tranquilidad y las herramientas le permitieron atravesar muchas horas de parto.


Y cuando necesitó algo diferente, también pudo pedirlo.


Ese también puede ser un parto preparado.


🎧 Puedes escuchar el episodio completo de Tu Mejor Parto y conocer de primera mano el relato de Rosa y Jordan, desde la preparación con hipnoparto hasta el nacimiento de su bebé.


Lo que aprenderás

  • Cómo prepararte para el parto con información, respiraciones, relajación, visualizaciones y movimiento.

  • Por qué escuchar relatos de otras experiencias de parto puede ayudarte a imaginar posibilidades y afrontar el momento con mayor calma.

  • La importancia de que la pareja también se prepare y conozca su papel como acompañante durante el nacimiento.

  • Cómo utilizar recursos como el agua caliente, la pelota, la respiración y la visualización para gestionar las contracciones.

  • Por qué pedir la epidural no significa haber fracasado ni invalida toda la preparación realizada durante el embarazo.

  • Cómo la información y el conocimiento de tus opciones pueden ayudarte a tomar decisiones cuando el parto no sucede como habías imaginado.

  • Qué puede cambiar durante el expulsivo cuando hay epidural y cómo aprender a pujar de una manera diferente.

  • Por qué prepararse para el parto no significa controlar el resultado, sino llegar con recursos, confianza y flexibilidad para tomar las decisiones necesarias.

Recursos

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Transcripción

Episodio #166

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Paula Ripol y myBabymyBirth®

Mamá de dos niños, autora del libro Dar a luz con hipnoparto, anfitriona del podcast Tu mejor parto, instructora de hipnoparto y fundadora de myBabymyBirth®. Paula lidera la formación y estará en directo cada semana.

 

Mi misión es que más mujeres consigan tener su mejor parto ganando conocimiento para entender sus opciones y con herramientas para vivir su embarazo y parto desde la calma.

 

En este podcast vamos a hablar de todo lo que tiene que ver con el parto. Entrevistaremos a las mejores profesionales del ámbito de la maternidad desde comadrones, a médicos obstetras.

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