La historia de parto de Sandra

Parto natural, en hospital, primer embarazo, hipnoparto

Alumna pack digital de hipnoparto

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Cuando me desperté por la mañana empecé a sentir las primeras contracciones, muy suaves pero regulares cada 15 minutos. Se mantuvieron estables durante todo el día, cada vez aumentando la frecuencia. Me puse a trabajar como siempre, para estar distraída (sabía que el parto como primeriza sería largo).

 

Dani y yo salimos a comer fuera, hicimos recados... Estábamos muy tranquilos y felices de saber que pronto conoceríamos a nuestra niña. Por la noche nos fuimos al teatro y a cenar, cuando ya las contracciones eran cada 3 minutos, y mucho más intensas. A última hora ya no pude cenar nada, tenía contracciones cada minuto que no me dejaban descansar. Me metí en la ducha con agua caliente, pero me tuve que salir porque no estaba cómoda de pie, mi cuerpo se retorcía por el dolor. Mi objetivo era descansar en la cama, pero ya no era posible. Aguanté hasta las 4 de la madrugada en casa, sentada en la pelota de pilates, con la máquina TENS en la espalda, y la manta eléctrica en la lumbar, mientras nos hacía seguimiento nuestra matrona Patricia.

 

Llevaba más de 160 contracciones anotadas en la aplicación del móvil, y ya había perdido la conciencia, por el dolor y falta de descanso entre contracciones. No podía ni beber un poco de agua. Entonces Dani y yo decidimos ir al hospital. Al llegar, pensando que me quedaría muy poco para parir, la matrona nos confirmó que sólo había dilatado 2cm. ¡Qué bajón! Yo ya notaba que mi cuerpo estaba al límite, y sin embargo quedaba mucho camino por delante. Resultó que la niña estaba colocada en posterior (mirando hacia mi tripa). Por ello no conseguía dilatar más rápido. Aún así, la matrona confió en nuestro parto, y dejó que siguiera su cauce natural.

 

Las contracciones no me daban tregua ni de medio minuto, así que me metí en la bañera para tratar que el agua caliente me ralentice las contracciones y me permita respirar. Intentaba controlar mis respiraciones, relajarme, y practicar todos los ejercicios que habíamos aprendido de Hipnoparto con Paula, pero hacía unas horas que ya había perdido la conciencia, el control, no podía ni hablar ni comer... Había aterrizado en Mi Planeta Parto. De hecho, gran parte del tiempo no lo recuerdo, tengo la mente en blanco, pero gracias al reportaje de fotos y lo que me recuerda Dani, puedo reconstruir todo el relato del parto.

 

En la bañera me agarraba a Dani mientras lloraba desconsolada diciendo ¡no puedo más! Pensaba una y otra vez que me iba a morir. Y sí, sí podía más... ¡Qué fuerte es el cuerpo de las mujeres! Somos capaces de mucho más de lo que imaginamos... No paraba de sudar con el agua caliente de la bañera, y necesitábamos que la niña se colocase bien para dilatar, así que Dani me llevó a la cama, me coloqué a cuatro patas, y empecé a mover mi cintura para que la niña rotase. Para ello, la matrona sabía que necesitaría un pequeño respiro entre contracciones, por lo que me puso un relajante muscular que me ayudó a respirar y concentrarme. Ya habían pasado 6 horas desde que llegué al hospital, y 24 horas desde que comencé el trabajo de parto en casa, la niña estaba perfectamente colocada, ¡y por fin dilaté del todo! Para comenzar la fase del expulsivo, me mantuve a cuatro patas, sujetándome en los brazos de Dani.

 

Recuerdo hacer un esfuerzo sobre natural intentando concentrarme para seguir las indicaciones de la matrona sobre la intensidad de los pujos, para evitar el desgarro, ya que mi cuerpo me pedía empujar sin piedad. El expulsivo duró más de hora y media, y finalmente nació nuestra niña. Inmediatamente me tumbé en la cama, y me la pusieron encima de mi tripa, porque el cordón era muy corto. En pocos minutos el cordón dejó de latir, y Dani lo cortó. Todavía en ese momento seguía en Mi Planeta Parto, ni siquiera recuerdo la última escena. Pero después recuperé la conciencia, empecé a abrir los ojos, a controlar mi respiración y a relajarme. Pude subir a la niña a mi pecho, me miró fijamente con unos ojos enormes, y en menos de 3 minutos ya estaba mamando.

 

Todavía tenía que alumbrar la placenta, así que Dani cogió a la niña, se la puso en su pecho y ella se agarró a su pezón 😂. Entonces me levanté de la cama y empujé, pero no podía expulsar la placenta. Así que me fui a la ducha, con agua caliente, y finalmente, de cuclillas, pujando igual que en el parto, tras más de una hora, salió la placenta completa. ¡Qué alivio sentí! Me tumbé en la cama de nuevo y empecé a amamantar a India. ¡Mi periné estaba íntegro! Gracias a nuestra matrona durante el expulsivo, a los masajes perineales durante el embarazo y al EPINO. Pasamos 3 días en la habitación del hospital embelesados con India, cuidándola, mimándola, y reflexionando sobre lo afortunados que somos.

 

Si tuviéramos que parir de nuevo, lo haríamos de la misma manera, y con las mismas personas que nos acompañaron en el embarazo, parto y posparto.

Gracias.

Sandra