El parto por cesárea de Anne

Primer parto, inducción, cesárea

Alumna pack digital de hipnoparto

Hay cosas en la vida para las cuales uno puede prepararse lo mejor que pueda, desear ciertos resultados y aún así, las cosas no siempre salen como lo esperamos. Una de esas experiencias para mí, fue el parto de nuestra hija.

Mi embarazo fue durante la pandemia en Suiza, donde nos acabamos de mudar hace 5 meses. No pudimos visitar los hospitales ni asistir a ningún curso de pre-parto. No hablamos alemán y nuestra familia estaba en España sin poder venir. La situación en sí ya era un poco inusual y había que adaptarse a las circunstancias.

 

Hice el curso Hipnobirthing con Paula, vi videos en Youtube de partos positivos, también de cómo prepararse para un parto con las técnicas de respiración y me informé sobre posibles complicaciones para conocer mis opciones en el caso de que ocurrieran. Haciendo el curso y preparándome físicamente caminando kilometros y kilometros con los palos (nordic walking) durante el embarazo y las sesiones de fisio, me sentí relajada ya que sentí que había hecho todo lo que pude para estar lo más preparada que se podía estar.

Yo me sentí divina hasta la semana 40. Por la mañana había tenido visita con el médico y me sugirieron inducir el parto esa noche ya que los niveles de líquido amniótico estaban algo bajos. Al volver a casa para esperar, estuve bailando salsa en casa para soltar las caderas y divertirme un poco para ver si mi cuerpo daría señales de parto espontáneo. Esa

misma noche me ingresaron con mi marido a la clínica de mujeres del hospital Triemli de Zurich sin señal ninguna de olas ni parto.

Allí estuvimos alojados 3 días, donde probamos 3 rondas de hormonas (prostaglandina vaginal 24 horas y luego pastillas cada 2 horas, 8 pastillas seguidas). En la noche de la segunda ronda empecé a tener olas, las pude medir, las sentí bastante fuertes pero manejables con las técnicas de respiración que había practicado. Con mi marido surfeamos cada ola juntos, cogidos de la mano, él me iba guiando, contando las respiraciones y así pasaron las horas. Cuando me hicieron el tacto vaginal por la mañana tenía un poco de sangrado y el cérvix se había ablandado un poco. No estaba dilatada todavía.

 

Al pasar a la tercer ronda de hormonas, ya el tercer día en el hospital, empecé a notar las olas más molestas, me ofrecieron acupuntura y un baño caliente para aliviar las molestias.

Esto me ayudó bastante, sobre todo el agua caliente. Y eso que yo había pensado probar a parir en la bañera cuando el momento llegara. Nunca llegó. A unas horas de allí empecé a notar un dolor insoportable en lo que creo que fue el suelo pélvico, sentía como si la cabeza del bebé me presionara algún nervio y ni cambiando de postura ni las respiraciones me ayudaron. Allí decidí que no me tomaría ni una pastilla más. Para respetar mi cuerpo y mi bienestar, no quería tomar más hormonas ya que después de 3 días no habían dado resultados. Al cabo de unas horas llamamos al médico para pedir consejos y alternativas ya que yo estaba sufriendo, el cansancio acumulado me estaba debilitando y los latidos del corazón del bebé también empezaron a incrementar.

 

Al haber agotado las alternativas de ir a casa, seguir induciendo y no hacer nada, pedimos la cesárea. Era realmente la última opción y la buena dadas las circunstancias y mi estado y el de nuestro bebé. El médico me explicó el proceso, las posibles complicaciones y firmé los papeles. De allí la cosa empezó a moverse rápido. Me llevaron a la sala, me pusieron la anestesia local de ombligo para abajo. Un equipo de 7 profesionales prepararon todo,​ trajeron a mi marido a mi lado y al empezar, en pocos minutos ya teníamos a nuestra hija en nuestras manos.

 

Me sentí tan aliviada de haber tomado esa decisión que fue lo mejor para mí y para nuestra bebé. No era lo que había deseado, ya que me había imaginado un parto natural en la bañera, hasta había soñado con un parto natural positivo.

 

Esta es una de las cosas en la vida que no podemos controlar cuando le damos vida a un ser pequeñito. Pero lo que podemos controlar es cómo reaccionamos ante la situación. No hubiera cambiado nada del proceso y las decisiones que tomamos con mi marido. Aunque yo era la que llevaba a nuestra hija en la barriga y sentía las olas, todo lo vivimos juntos, lo hablamos, lo reímos y ahora lo amamos.

 

Aunque no tuve la oportunidad de sentir un parto natural para poder decir si el hypnobirthing ayuda justo para eso, puedo decir que la información que aprendí en el curso, la técnica de BRAINS para tomar decisiones y el hecho de involucrar a mi marido en el proceso fue muy empoderador y me siento orgullosa de cómo vivimos todo este proceso juntos como un equipo.

Muchas gracias por todo

Anne