El parto de Annette

Prematuro, en hospital, primer embarazo, hipnoparto

Alumna curso grupal de hipnoparto - enero 2022

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Todo empezó el día que me di cuenta de que estaba expulsando algo que parecía ser el "tapón mucoso", al día siguiente acudí a urgencias y me dejaron ingresada por una fisura en la bolsa y riesgo de parto prematuro. Estaba de 33+6 semanas. Me pusieron un tratamiento de 48 horas para madurar los pulmones y por la fisura también antibióticos para evitar infección. A partir de ahí el bebé podría estar listo para salir, me dejaron volver a casa (con antibióticos vía oral y pequeñas pérdidas de líquido amniótico) para esperar a que me pusiera de parto de forma natural o de lo contrario en 6 días al cumplir 35 semanas me inducirían el parto.

Al hablar de la inducción me desanimé bastante, habíamos estado preparándonos para un parto natural y me daba pena que todo fuera diferente a cómo habíamos imaginado. Sin embargo, este desanimo duró poco, acepté la situación y pensé que como habíamos visto en el curso con Paula, una inducción también puede ser positiva. Además todavía tenía 6 días por delante para confiar en mi cuerpo y ponerme de parto de forma natural. Así que nos pusimos manos a la obra....

Ya en casa me dediqué a escuchar las relajaciones, a practicar la respiración para tranquilizarme cuando me agobiaba, mucho descanso, autocuidado, escuchar música relajante, velas con olores, escuché varias veces las afirmaciones positivas, intenté liberarme de la presión y autoexigencia que a veces nosotras mismas nos imponemos, dando gracias que mi bebé y yo estábamos bien y aceptando las cosas como vengan.

Cuatro días después, a dos días de la inducción, rompí la bolsa del todo... nos fuimos al hospital rápido, porque en mi situación era una de las indicaciones, en el trayecto fui contando las olas con la aplicación ONA y escuchando la relajación de cabeza y cara, me vino muy bien para distraer la atención. 

Cuando llegué al hospital las olas eran cada 2 minutos, me hicieron un tacto y estaba de 1 cm., el cuello del útero ya estaba borrado. Ingresamos en el paritorio. Una vez en la habitación pusimos nuestra música relajante, empecé con la movilidad en el balón, seguía con las respiraciones en cada ola, me ayudaba pensar que en breve pasaría y podría descansar...

Sin embargo, eran cada vez más seguidas, ya no me daban descanso y la intensidad era mayor.  Yo era flexible sobre la epidural, si podía aguantar bien, pero sino no iba a dudar en pedirla.. y así fue; cuando las olas no me daban ni un minuto de tregua me empecé a agobiar, hablé con una ginecóloga y le expliqué que tenía miedo de que al ponérmela, el parto se paralizara, y ella me dijo que no tuviera miedo que esto ya no se iba a parar que si la necesitaba ya era el momento y que era yo la que decidía, cuanto se agradecen unas palabras así de un profesional que te transmita confianza y serenidad... me animó a escuchar mi cuerpo y sentí que era lo que necesitaba.

Me pusieron una dosis baja para empezar y ver como se desarrollaba todo, sentí un gran alivio y mi mente se despejó, seguía sintiendo algo de intensidad pero bastante menos, podía seguir moviéndome así que empecé a hacer los ejercicios de movilidad de pelvis, venían las olas y las aceptaba de una forma más tranquila con la respiración... Realmente este tipo de epidural me pareció genial porque me permitía moverme y seguir activa tanto física como mentalmente para poner en práctica todo lo aprendido.

Hasta que llegaron las ganas de empujar, me hicieron otro tacto para ver el progreso y ya estaba completa, me sorprendió porque solo habían pasado dos horas desde que llegamos al paritorio. Decidí cambiar de postura, el matrón que estaba conmigo me animó a probar de rodillas sobre la cama con el respaldo elevado recostada sobre él, puse en práctica la técnica de juntar las rodillas y separar los pies para favorecer la apertura  de la pelvis y con cada ola empujaba y me repetía a mi misma que esta intensidad era buena, que era porque ya llegaba el momento de conocer a nuestro bebé, e intentaba dejarme llevar y confiar, en cuestión de 6-7 pujos nació Amaro. 

Fue una experiencia inolvidable para nosotros, no voy a negar que son momentos intensos y te llevan al límite de tus fuerzas, pero ahora estoy segura de que con las herramientas adecuadas se puede vivir este proceso de una forma positiva, empoderada y feliz. El curso de hipnoparto nos ha ayudado muchísimo, tanto a mí como a mi pareja, a llevar todo este proceso desde la información, el conocimiento del cuerpo, la confianza y la tranquilidad necesarias para que todo fluya de forma natural. 

Siempre pienso como habría sido mi experiencia sin haber hecho este curso y estoy segura de que me habría paralizado por el miedo y la negatividad, y posiblemente no habría conseguido tener el parto tan positivo que tuve.

Annette