El parto en casa de Núria

Planeaba un parto en casa y estaba previsto para el 1 de abril de 2020. Fui al hospital el 3 de abril para controlar su corazón ya que no estaba segura de si los movimientos habían cambiado y para mi tranquilidad. Entré estresada con todo el tema de Coronavirus en las noticias, pero el hospital me aseguró que los movimientos habían vuelto a la normalidad y la frecuencia cardíaca era saludable. Lo que no sabía era que debido a mi visita al hospital, me habían elevado a alto riesgo, lo que me impediría tener un parto en casa, y los médicos querían que me reservara al día siguiente para una inducción. También me dijeron que solo podía dar a luz en la sala dirigida por ginecólogos y no en la unidad dirigida por comadronas.

Estaba en shock, preocupada y esto no era lo que quería en absoluto. Hablé con un ginecólogo (yo sola, ya que mi pareja no estaba permitido de venir conmigo debido a COVID-19), el ginecólogo me explicó todos los riesgos de rechazar la inducción (muerte fetal, etc.). Pregunté sobre las alternativas y los porcentajes de estos riesgos, y rechacé la inducción después de firmar algunos descargos de responsabilidad. Comprendí completamente que el hospital tenía un deber de cuidado, pero después de rechazar la inducción, insistieron en que fuera todos los días para monitorear los movimientos de mi bebé y cada vez me pidieron que hablara con diferentes médicos, todos informándome sobre los mismos riesgos y tratando de persuadirme de que aceptar la inducción. Después de hablar con mi comadrona, me aseguró que me apoyaría si continuaba queriendo un parto en casa.

El domingo 5 de abril fui al hospital como me pidieron y dije que no volvería después de eso porque me estaba causando demasiada preocupación y estrés, sabía mi riesgo y estaba contenta con los movimientos del bebé. Acepté la maniobra de Hamilton y dije que volvería la semana siguiente si mi parto no empezaba de forma espontánea.

El domingo por la noche llegué a casa y comencé a tener olas alrededor de las 6 de la tarde. Me metí en la cama, escuché las relajaciones de hipnoparto, usé mis técnicas de respiración ascendente con mi marido haciendo un masaje en la espalda durante las oleadas e intenté comer un tentempié  cada dos horas. Entre la 1 de la mañana y las 3 mis olas duraron 1 minuto y eran cada vez más fuertes. Llamé a mi comadrona, llegó a las 4 de la mañana. Me ofreció gas entonox mientras mi marido preparaba la piscina de partos en la sala de estar, puso música, encendió velas, abrió las puertas del balcón y preparó bebidas y tentempiés.

Alrededor de las 5 de la mañana me metí en la piscina, ¡las palabras no pueden describir lo relajada y tranquila que me sentí con el agua tibia! Salí y entré de la piscina cuando tenía demasiado calor, demasiado frío o quería cambiar de posición. A las 7 de la mañana la cabeza del bebé coronaba, cambié de respiraración y empecé a hacer la respiración descendente y de 7 a 9 de la mañana estuve en la fase descendente del parto hasta que salió la cabezita del bebé (este fue el mayor desafío para mí), pero estoy muy contenta de haber empujado solo durante las olas, ya que esto me permitió evitar cualquier desgarro.

A las 9.36 de la mañana nuestra hermosa hija Maya entró al mundo con un saludable peso de 3,2kg. La saqué del agua y la puse sobre mi pecho. Sin mi marido, mi comadrona y las técnicas de hipnoparto, no habría tenido esta increíble experiencia positiva y enriquecedora. Practicar mi respiración, masajes en la espalda, masajes perineales todas las noches,... a veces todo parecía una tarea laboriosa, pero todo valió la pena, confiar en mi instinto y rechazar la inducción fue la decisión más difícil pero la mejor que tomé. Si el bebé hubiera mostrado señales de estrés habría considerado aceptar alguna intervención, pero sentí firmemente que ambos estábamos bien. Espero que esto ayude a algunas mamás a confiar en ellas mismas y en su instinto para seguir sus preferencias de parto cuando sea posible. 

 

Núria

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